"La sociedad no puede hacer cosas malas por buenas razones" Stanley Kubrick

América Latina en lucha con el neoliberalismo

Mateo Aguado y Carlos Benítez Trinidad|7/10/2015

eleccionesenecuadorcomAlberto Acosta (Quito, 1948) es economista y político, y fue uno de los principales ideólogos de la Revolución Ciudadana, el movimiento político que condujo a Rafael Correa a la presidencia del Ecuador en 2006.

Dentro del gobierno, fue Ministro de Energía y Minas primero y, posteriormente, el parlamentario más votado. Este hecho le abrió las puertas a ser presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, el órgano encargado de redactar la nueva constitución del país, pero Acosta renunció al cargo en 2008 por desencuentros, tanto con el movimiento oficialista, como con el propio presidente Correa.

Iberoamérica Social: ¿Cuál es la explicación de las nuevas izquierdas latinoamericanas que han llegado al gobierno en países como Ecuador, Bolivia, Venezuela, Brasil o Argentina?

Alberto Acosta: Lo sintetizaría en tres puntos.

El primero es la resistencia al neoliberalismo. Todos estos países tienen en común el ser sociedades que sufrieron el ajuste neoliberal con gran intensidad y que supieron reaccionar frente a este proceso de empobrecimiento y de pérdida de soberanía de la población.

Un segundo punto clave han sido las luchas sociales, entendidas como procesos de resistencia y de construcción de alternativas. Por lo tanto, estos gobiernos se deben en buena medida, y sobre todo en el caso de Ecuador y de Bolivia, a la movilización indígena y popular.

Y, finalmente, un tercer punto importante es el hecho de que, en América Latina, existe desde hace tiempo una demanda creciente de una verdadera integración regional. Así es cómo en este contexto aparecen partidos, movimientos y gobiernos de tinte progresista que, por lo demás, no son realmente “de izquierdas”.

IS: ¿Y qué cree que ha supuesto para América Latina, desde el punto de vista social y económico, el avance de estos gobiernos progresistas?

1actualidadrtcomAA: En primer lugar destacaría el hecho de haber dejado atrás, en parte, la “larga noche neoliberal”. Haberse plantado frente al neoliberalismo y haber recuperado el papel de los estados es, sin duda, positivo. Sin embargo, no creo que se haya logrado aún, en ninguno de los países latinoamericanos con progresistas, una verdadera transformación. Posneoliberalismo no implica poscapitalismo.

Estos gobiernos, que se beneficiaron del boom de los elevados precios de las materias primas, han logrado trasladar estos ingresos a los sectores más populares. Sin embargo, esto no ha supuesto una verdadera transformación de las estructuras; ni en términos de concentración de la riqueza, ni en términos de modelo productivo.

Así pues, lo que realmente se ha venido haciendo en muchos casos (como sucede en Ecuador), ha sido un proceso de modernización del capitalismo; uno de los más acelerados y profundos que se recuerdan, eso sí. El saldo, si lo comparamos con lo que vivimos anteriormente, es, sin duda positivo, pero definitivamente insuficiente e incluso contradictorio con lo propuesto inicialmente.

IS: Uno de los temas que más trata usted en sus trabajos es el Buen Vivir. ¿En qué consiste y cómo se podría aplicar de forma práctica?

AA: Para empezar yo aclararía que el Buen Vivir no es una teoría. sino que ha existido desde tiempo inmemorial, y muchas comunidades lo han ejercido sin saberlo; no es la idea de algún iluminado ni el resultado de una política gubernamental.

El Buen Vivir (o Sumak Kawsay, o Alli Kawsay, o Ñande Reco, o cualquier otro nombre que se le dé, como Ubuntu en África o Svadeshi, Swaraj y Apargrama en la India), consiste en reconocer otra forma de organizar la vida, en relación con los propios seres humanos, y entre estos y la naturaleza. El Buen Vivir significa una vida en armonía del ser humano consigo mismo y con sus congéneres, así como con la naturaleza, que no debemos entender como una alternativa de desarrollo, sino como una alternativa al desarrollo. Yo creo que ese es el punto medular.

Es decir, debemos considerar el Buen Vivir como una propuesta global para superar la vieja idea de progreso (sobre todo en su versión productivista y de copia, siempre fallida, de los países industrializados), y poder plantear un cambio civilizatorio real. Y en este sentido cobra especial importancia reconocer la realidad colonial de América Latina pasados más de 500 años de la conquista.

Así, cuando el gobierno de Rafael Correa decide explotar el petróleo de los cuadrantes del ITT (Ishpingo, Tiputini y Tambococha) del Parque Nacional Yasuní, se está produciendo un acto de colonización. O, por ejemplo, cuando resuelve quitarle la sede a la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador.

IS: ¿El Buen Vivir podría tener una aplicación universal?

Prefiero hablar no de un Buen Vivir en términos generales, sino de buenos convivires, pues puede haber distintos estilos de vida siempre y cuando no pongan en riesgo la vida de otros y aseguren una vida digna para todos. Y por eso es importante no sólo hablar de los derechos humanos, sino también de los derechos de la naturaleza y de los animales.

Bajo mi punto de vista, el Buen Vivir es una oportunidad para que podamos debatir y pensar otras formas de organización de la sociedad.

IS: La crisis económica que está asolando Europa desde el año 2008, ha creado una doble oleada migratoria: latinoamericanos que vuelven y europeos que salen buscando oportunidades laborales. ¿Está esta situación favoreciendo un reencuentro de culturas y un acercamiento?

AA: A mí me parece que los procesos migratorios han sido enriquecedores para la humanidad, aunque en algunos casos han originado rupturas humanas muy dolorosas; incluso muy conflictivas como los refugiados por guerras o los expulsados por la miseria.

Pero lo que me preocupa es que los seres humanos seguimos siendo los parias de la globalización. Los capitales se mueven libremente y las personas no. Si uno tiene dinero, se sienta en su casa y con internet puede especular en cualquier mercado del mundo sin ningún problema y prácticamente sin restricciones. Hemos abierto la libre circulación para los productos, pero no para los seres humanos.

IS: Estamos atrapados en una civilización que si no crece no funciona, y si crece, destruye las bases naturales que la hacen posible. ¿Cómo conciliar ambos?

AA: El crecimiento no garantiza la felicidad. Hay países como Estados Unidos y Japón, por ejemplo, que han crecido y, sin embargo, sus habitantes no se declaran más felices.

Creo que uno de los unidadmptwordpresscomgrandes retos que tenemos por delante es repensar la economía. La economía tiene que estar al servicio de los seres humanos, pero de unos seres humanos viviendo en comunidad y en armonía con la naturaleza. Tenemos que dejar de contemplar a la naturaleza como objeto de explotación y de privatización al servicio de las políticas económicas.

En este sentido, yo plantearía cinco aspectos clave.

En primer lugar, desmontar la religión del crecimiento económico. El crecimiento económico permanente en un mundo finito, como decía el economista inglés Kenneth Boulding, es un imposible. Pensar eso es propio de locos o de economistas (o más grave es aún si los economistas están locos). Hay que echar abajo la idea del crecimiento económico como el gran motor de la economía. Ese es el gran reto. En algunas cosas habrá que seguir creciendo, pero en otras habrá que decrecer. Apoyo lo que dice Manfred Max-Neef, Premio Nobel alternativo de economía, cuando señala que puede haber un crecimiento bueno y un crecimiento malo, dependiendo de su sustentabilidad ecológica y social.

En segundo lugar, considero fundamental dar paso no sólo a una distribución del ingreso, sino también a una redistribución de la riqueza (y en especial de los beneficios) para así romper las estructuras de desigualdad existentes. El decrecimiento exige la redistribución del ingreso y de la riqueza, pero sobre todo de las ganancias.

Un tercer punto esencial nos lleva a desmercantilizar la naturaleza y desmaterializar la producción. Debemos redirigir la producción hacia otro tipo de consumo.

Un cuarto punto vital consiste en desconcentrar la producción y las grandes ciudades. Tenemos que reencontrarnos con lo rural y con lo campesino, por ejemplo, en el ámbito de la soberanía alimentaria. Frenar la aberración que supone transportar productos alimenticios desdemiles de kilómetros de distancia cuando esa producción se puede satisfacer localmente.

Y, por último, la quinta pata de esta figura que estamos construyendo es más democracia, lo que implica fortalecer los espacios comunitarios.

IS:  ¿Consideraría usted posible llegar a un colapso ecológico y social, o todavía confía en que seremos capaces de evitarlo?

A: Bueno, mi deseo es que suceda lo segundo; pero el aspecto clave es que no somos todos igualmente responsables de los problemas ambientales que vivimos. Hay quienes han ocasionado mayores daños que otros. Por eso, tal y como se habló recientemente en la XX Conferencia Internacional sobre Cambio Climático en Lima (COP20), es importante asumir responsabilidades compartidas, pero diferenciadas.

Ahora bien, todo esto no será suficiente, si no reconocemos que hemos alumbrado un sistema depredador y una civilización depredadora – la civilización capitalista- que se nutre de sofocar la vida y todo lo que tiene que ver con ella.

(Extracto. Adaptación libre)


Imágenes: actualidad.rt.com |eleccionesenecuador.com|unidadmpt.wordpress.com

Fuente: http://iberoamericasocial.com/redibujando-alternativas-al-capitalismo-entrevista-a-alberto-acosta

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