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El euro fue un error y las medidas para defenderlo, más: habla el economista Bruno Colmant

Hernán Garcés / Arthur Vigneron|eldiario.es|23/04/2015

financemanagementbe1Bruno Colmant es uno de los economistas liberales más prestigiosos de Bélgica: fue presidente de la Bolsa de Bruselas y miembro del consejo de administración de la Bolsa de Nueva York, alto responsable de un banco y jefe de gabinete del Ministerio de Finanzas belga, además de profesor en varias universidades europeas.

Antes de la crisis, usted creía en la autorregulación y en la eficiencia de los mercados.
Cuando estudié economía fue durante la época Reagan/Thatcher. No aprendimos el aspecto social de las cosas, porque había crecimiento, porque todo iba bien. Por otra parte, la economía se enseñaba con mucho Milton Friedman. Éramos todos friedmanianos. También he dirigido una Bolsa, y cuando uno dirige una Bolsa… es pura matemática. Tenía la impresión de estar ante una mecánica fluida, exacta, como una ecuación que funciona perfectamente.

¿Y qué percepción tiene usted ahora de la economía?
He comprendido que la economía, es en primer lugar una cuestión de sociología, de decisiones políticas, de antropología y de psicología. La economía no es una ciencia, sino un conjunto de disciplinas que convergen dentro de un marco político dado. No se puede hablar de economía sin marco político, no tiene ningún sentido. Lo he comprendido con Paul Krugman. No existe una economía espontánea que sería naturalmente justa, equilibrada y socialmente solidaria. La economía de mercado no es justa por sí misma, y conduce a que haya monopolios, pobres y ricos.

De hecho, la economía como tal no existe. Hay muchas corrientes de pensamiento, pero no hay una teoría única. A lo sumo, hay tres teóricos de la economía: Adam Smith, Ricardo y Marx. El hecho de que existan tantas teorías y corrientes demuestra que no hay homogeneidad en ella. La economía no sólo depende de un factor, sino de millones de factores, de percepciones, de circunstancias. El peligro es aferrarse a una sola escuela. Pienso que si pudiera reinventar la economía, empezaría desde el factor social, el equilibrio, la solidaridad social. Construiría el sistema partiendo de ahí, en lugar de decir: “Tenemos una economía financiera y todo va bien, por lo tanto de ahí derivará en un equilibrio social”.

¿Cuál es su opinión de la gestión de la crisis por parte de la Unión Europea?
La austeridad es un error absoluto. En primer lugar, pienso que, en su origen, el euro fue un error. Podría haberse hecho con un número limitado de países, pero se construyó con muchos y en malas condiciones. De hecho, si hoy se volviese a las divisas nacionales, existirían inmensas divergencias entre las distintas economías.

Alemania ha subordinado el mantenimiento del euro al alineamiento de los otros países con su propio modelo, sin reconocer que todas estas economías son diferentes.

Lo repito de nuevo, ¡el euro en su concepción fue un error total! Y las dos respuestas que se han aplicado para mantener el euro han sido errores sobre errores. La austeridad por sí misma no puede funcionar cuando todo el mundo sabe que una economía que funciona no puede sobrevivir con ella. Por otra parte, las políticas monetarias restrictivas fueron también un error. Se han cometido tres errores y por esta razón estamos en deflación.

¿Qué papel ha jugado Alemania en esta crisis?
Económicamente Alemania se ha aprovechado del euro, porque tiene una balanza de pagos positiva y ha conseguido exportar más sin tener que revalorizar la moneda. No hay que olvidar que Alemania fue siempre un país fragmentado y que el marco fue el elemento fundador del país. La moneda mantiene a su pueblo unido.

Estoy casi seguro que Alemania va a abandonar el euro con Austria y el Benelux. No sé lo que va a ocurrir, pero si no hay un cambio de aquí a 5 o 10 años, el euro dejará de existir, o puede que exista, pero a condición de una represión social muy fuerte.

El 15 de enero 2015, el Banco Nacional de Suiza sorprendió a los mercados al desligar el franco suizo del euro, lo que supuso una revalorización de su moneda. ¿Qué revela la experiencia suiza?
Lo que ha ocurrido en Suiza es más importante de lo que se piensa. Simplemente, Suiza ha abandonado la zona euro, lo que ha supuesto una revalorización automática del 20% de su moneda; un ejemplo más de la artificialidad de la moneda. Esto es exactamente lo que está ocurriendo en la zona euro: se ha ligado las divisas de 19 Estados miembros a un tipo de cambio común, el euro, negando las diferencias intrínsecas entre las economías.

La incongruencia del euro llega a tal punto que si en teoría volviésemos a las monedas nacionales la revalorización del marco alemán respecto del euro sería del 20%, mientras que el franco francés y la peseta se devaluarían alrededor del 25%. Es imposible que una moneda resista cuando las diferencias entre los países no dejan de agudizarse.

¿Por qué piensa que el euro ya no representa la sociología de los países del norte?
En el fondo, pienso que el euro ha enfrentado a los países protestantes con los países católicos. Tomemos el ejemplo de Alemania: ésta considera que una deuda colectiva, una deuda pública, se financia con el ahorro interno, es decir, sus ahorros permiten financiar al Estado; por lo tanto, ellos no conciben la creación de dinero. En cambio, la lógica católica considera que si en un momento dado se necesita fabricar más moneda, no supone ningún problema, se empobrece a los rentistas y se crea inflación.

Usted afirma que la Historia juzgará con severidad el papel jugado por el BCE durante la crisis. ¿Cómo explica esta acumulación de errores?
El BCE ha fracasado. ¿Qué institución es ésta que tiene que alinearse con algunos países cuyo diktat ha conducido a imponer una moneda recesionista y deflacionista a toda la zona euro?

Han querido aplicar una política restrictiva para hacer que todas las deudas públicas vuelvan a sus países de origen. La deuda española ha sido comprada por los bancos españoles, la italiana por la banca italiana, etc. La masa monetaria ha disminuido y hemos entrado en deflación. Ahora, intentan aumentar la oferta monetaria para hacer funcionar la economía pero no va a funcionar, porque es ya muy tarde.

El BCE debería tener objetivos convergentes como los tipos de cambio, el nivel de empleo y la inflación. Sin embargo, como el rol del Bundesbank ha sido transferido al BCE, tiene como único objetivo el control de la inflación. Se ha hecho una moneda basada únicamente en la inflación, lo que constituye un error absoluto.

También pienso que hay un problema de control democrático. Algunos dicen que no debe haberlo porque si no, su credibilidad va a desaparecer, pero en términos de gestión económica no es una buena decisión.

¿De qué margen de maniobra disponen los países del sur del euro? ¿Deben abandonar el euro?
Los países del sur del euro tienen un margen de maniobra limitado. Intuitivamente pienso que sería mejor que los países fuertes abandonasen el euro en vez de los países débiles. Por ejemplo Alemania, Benelux y Austria formarían un conjunto más o menos homogéneo y el resto podría quedarse con otro euro.

El problema es que si los países del sur abandonan el euro individualmente se convertirían en competidores, en vez de complementarios. Además, Grecia, Italia o España están disociados geográficamente. Sería preferible que se quedaran juntos con una moneda más débil, más común y no que abandonaran cada uno por su lado.

Usted refiere a la moneda y la deuda pública como símbolos, ¿a qué se refiere exactamente?
Los humanos creamos símbolos: el papel de la deuda, de un billete, una moneda, y se parte de la idea que estos símbolos artificiales, basados en la adhesión mental, pueden someter a las fuerzas sociales.

Freud, a quien se adhirió Keynes, manifestó que la moneda y la deuda eran formas de impedir la violencia entre la gente. Es decir, que vamos a luchar por un billete de banco en vez de pegarnos. Luchamos por la representación del valor en lugar del valor mismo. Sin embargo, no podemos imaginar que una representación llegue a satisfacer un equilibrio social óptimo.

Pienso que aún no hemos comprendido la crisis del 2008, cuando se acepta que el 25% de las personas estén en el paro y el 55% de los jóvenes, y seguimos sin entender que el factor social es más importante que el símbolo monetario.

Usted sostiene que vivimos bajo una espada de Damocles. ¿Qué quiere decir?
Simplemente, la imposibilidad de hacer frente a las deudas públicas. El día que nos demos cuenta del monto que debemos reembolsar, de la naturaleza de los compromisos y de la factura gigantesca de la cuenta, nos diremos: ¡Guau! ¡No se puede!

Permítame ilustrarlo con el ejemplo de Bélgica. Por una parte está la deuda escondida, es decir, todos los compromisos alcanzados en materia de pensiones que vamos a tener que pagar entre ahora y 2060 -periodo que marcará el fin del baby boom-; esta deuda escondida corresponde a cuatro veces el PIB del país. Por otra parte, está la deuda oficial que corresponde a un año del PIB.

Por lo tanto todo con esto acumulado se llega a cinco veces el PIB y, sin inflación, el reembolso de la deuda es absolutamente imposible. En un momento dado es una certeza que la deuda pública tendrá que ser reescalonada. Lo peligroso es que las deudas públicas están en manos de los bancos, y si se la toca brutalmente todo el sistema bancario salta por los aires. Es por ello que la única solución lógica hubiese sido crear inflación y diluirla, haciendo que valga menos. ¡Es la lección número 1 de la Historia y se hace lo contrario!

¿Qué opinión le merece Syriza? ¿Pueden cambiar las cosas?
Si Tsipras puede trasladar un mensaje diciendo, “escuchad: es imposible que nos impongan condiciones que no son conformes a la economía real”, entonces habrá ganado.

Una intuición que tengo es que Europa vive en paz gracias al respeto de sus diferencias, pero que no podemos poner todo en común; puede que un 30% o un 40% de nuestra vida sí, pero no el 100%.

¿Piensa que España puede seguir el camino de Grecia?
La realidad griega se impondrá progresivamente a otras economías frágiles. Sin ninguna duda, un día otros países del sur impondrán una moratoria o una reestructuración de sus deudas soberanas. Es inevitable, aunque, al contrario de Grecia, el efecto sistémico será menor, dado que las deudas públicas de los países de la periferia mediterránea han regresado a sus países de origen.

La naturaleza de la economía española no es la de una moneda fuerte. Pienso que los países del sur no podrán aguantar un largo periodo sin inflación con una moneda fuerte y una deuda pública tan importante, pero cuándo se va a llegar a ese punto de ruptura, no lo sé.

¿Qué sistema económico saldrá de esta crisis?
Pienso que habrá un capitalismo diferente. Al principio, se tendrá que limpiar el pasado y el capitalismo atravesará dos fases.

En primer lugar, habrá mucha más participación del Estado para ayudar a atravesar esta fase de ajuste del pasado. El Estado será necesario para calmar las economías, asegurar el orden social, el orden fiscal y gestionar los problemas de deuda. Habrá mucho más Estado durante un cierto tiempo. Y espero que ello desemboque en otro capitalismo mucho más solidario y cooperativo.

También me gustaría señalar que el capitalismo actual es malsano, por una razón de izquierdas y otra de derechas. La izquierda ha confiscado el futuro de los jóvenes en beneficio de las generaciones adultas, lo que no es bueno para los jóvenes. En cuanto a la derecha, no ha regulado suficientemente la economía.

(Extracto. Adaptación libre).


Imagen: financemanagement.be

Fuente: http://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/euro-concepcion-error-total_6_361223900.html

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