Desde 1986 EU ha venido aplicando una política dirigida a promover la industria biotecnológica de la nación, que la FDA (la agencia oficial para la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU),  secunda y apoya incondicionalmente.

En 1992, antes de que cualquier otra autoridad reguladora tomase una posición oficial sobre los alimentos transgénicos, la FDA emitió una declaración aseverando que había consenso entre los científicos en que eran tan seguros que no requerían realizar estudios adicionales.

Sin embargo, la FDA encubrió un hecho decisivo: sus propios científicos llegaron a la conclusión opuesta. Su opinión predominante, expresada en una serie de memorándums enviados a sus superiores, fue:

  1. Que los alimentos transgénicos conllevan riesgos novedosos, en especial la posibilidad de efectos secundarios nocivos no previstos difíciles de detectar.
  2. Que ninguno de los alimentos transgénicos se puede considerar seguro a menos que hubiese aprobado las pruebas capaces de detectar tales efectos.

La inquietud del personal científico está confirmada en el memo de un funcionario de la FDA que expresó textualmente que “los procesos de ingeniería genética y de reproducción natural son diferentes”. Y, el coordinador de Biotecnología de la agencia en una carta dirigida a un funcionario canadiense, admitió la posibilidad de que algunas sustanciasde los alimentos transgénicos podrían  causar reacciones alergénicas particularmente difíciles de predecir.

No obstante, en su declaración pública, la FDA afirmó que no estaba al tanto de información alguna que mostrase que los alimentos transgénicos diferían de los otros de modo significativo. La FDA ha cometido otros fraudes para proteger también la imagen de los alimentos transgénicos. Por ejemplo, aunque los funcionarios de EEUU de manera rutinaria afirman que ningún producto elaborado con cultivos resultado de la ingeniería genética se ha vinculado con algún problema de salud en los humanos, en 1989 el primer producto tecnológico comestible (un suplemento alimenticio del aminoácido L-triptófano producido mediante bacterias genéticamente modificadas), provocó una gran epidemia que mató a decenas de estadunidenses y enfermó gravemente a miles más.

Aunque la evidencia científica señala a la modificación genética como la causa principal de la contaminación que volvió tóxico el suplemento, la FDA manifestó que el proceso de transgénesis no estaba relacionado con ella. Los funcionarios de la FDA afirmaron que algunos lotes tóxicos de L-triptófano se habían creado antes de emplearse la ingeniería genética, a pesar de poseer pruebas de que dicha tecnología ya se usaba entonces.

La FDA no sólo ocultó los problemas vinculados al primer suplemento alimenticio de ingeniería genética comercializado, sino que hizo lo mismo con el primer alimento transgénico: un jitomate genéticamente modificado.

Cuando los científicos de la FDA revisaron los estudios de alimentación que el fabricante había realizado voluntariamente, expresaron su preocupación sobre un patrón de lesiones estomacales que constituía un problema de seguridad sin resolver, por lo que solicitaron efectuar una evaluación adicional. Pero la FDA ocultó de nuevo las conclusiones de sus expertos y luego las tergiversó. Afirmó que sus científicos habían determinado que todas las cuestiones de seguridad se habían solucionado satisfactoriamente, permitiendo que el jitomate se comercializara libremente en el mercado..

Está claro que la política del gobierno de Estados Unidos sobre alimentos transgénicos da la espalda a  lo que señala la ciencia y se dedica a distorsionar la verdad.

(Extracto. Adaptación libre)


Imágenes: mobilzadores.org.br| jaroma2305.wordpress.com

Steven M. Druker es el director ejecutivo de Alliance for Bio-Integrity, una ONG con sede en Estados Unidos y autor del libro Genes modificados, la verdad distorsionada: Cómo el negocio de modificar genéticamente nuestros alimentos ha trastocado la ciencia, ha corrompido al gobierno, y ha engañado sistemáticamente al público.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2018/05/18/opinion/017a2pol

 

 

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