"Se llama sueño americano porque tiene uno que estar dormido para creérselo" George Carlin

El negocio del agua embotellada y el hambre de África

Alberto Vázquez- Figueroa|7/09/2018

Desde que tras la Segunda Guerra Mundial el control del agua empezó a convertirse casi en un monopolio, una docena de empresas (en su mayoría francesas) regulan el mercado mundial y la industria del agua embotellada.

Las tradicionales fuentes de gran número pueblos han dejado de manar mientras se denuncia a funcionarios que aceptan sobornos por añadirle al agua demasiados productos químicos, con la disculpa de “depurarla” al máximo. El agua que abastece a las grandes ciudades ha comenzado a deteriorarse, lo que obliga a las amas de casa a cargar con pesadas garrafas si no quieren que lo que cocinan sepa a diablos o sufran vómitos y diarreas.

Se ha llegado a un punto en el que en cualquier restaurante cobra un euro o más por un botellín de un tercio de litro, mientras que un litro de gasolina también cuesta un euro. Que el agua cueste tres veces más que una gasolina que hay que buscar, extraer, refinar y transportar desde el otro extremo del planeta, constituye de los mayores latrocinios que se han cometido jamás.

El tráfico de agua embotellada se ha convertido en un negocio más criminal que el tráfico de armas, de drogas, alcohol, tabaco o prostitutas, puesto que tan solo compra armas, se droga, bebe, fuma, o se acuesta con prostitutas, quien quiere, mientras que el agua resulta imprescindible para vivir.

El negocio del agua embotellada factura cientos de miles de millones en todo el mundo, pese a lo cual paga unos impuestos mínimos, debido a que se considera una necesidad vital. Pero desde el momento en que ha sido manipulada y embotellada debería pagar los mismos impuestos que el alcohol o los refrescos, añadiéndole un plus por lo que contaminan sus botellas de plástico.

Con el dinero que se recaudase, más el que se invierte en cuidar y alimentar a los refugiados que llegan de África, se podría crear un fondo que convirtiera los 10.000 kms. de costas desérticas africanas de Somalia, Egipto, Sudán, Etiopía, Mauritania, Senegal o Namibia, en medio centenar de nuevas Almerías.

Almería, antaño un desierto despoblado, bueno tan solo para rodar películas, en apenas treinta años, y gracias el uso de invernaderos, el aporte de agua y las nuevas tecnologías, se ha convertido en uno de los mayores abastecedores de alimentos de Europa. Cada semana exporta miles de toneladas de frutas y verduras y es uno de los lugares del planeta que produce más beneficios por metro cuadrado, proporcionando alimentos a millones de personas, a pesar de que tan solo cuenta con doscientos kilómetros de costa desértica aprovechable.

Serán muchos los que se pregunten por qué tenemos que hacer algo por quienes invaden nuestros países sin haber sido invitados. A esos se les puede responder que, o lo hacemos, o acabaran arrollándonos y con razón, porque durante trescientos años invadimos África sin haber sido invitados, nos apoderamos de sus riquezas, violamos a sus mujeres y esclavizamos a sus hijos vendiéndolos como animales para que nos enriquecieran cortando caña de azúcar o cultivando algodón.

Justo es que quieran recuperar una mínima parte de cuánto les  arrebatamos, y que les ayudemos sin esperar a que vengan empuñando las armas que les estamos vendiendo.

(Extracto. Adaptación libre)


Imágenes: pushkinska.net|elprogreso.es|EFE

Fuente: https://www.eldiario.es/zonacritica/Africa-muere_6_809529051.html

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