"La simulación de justicia es la peor injusticia" Platón

El supremacismo catalán

Lidia Falcón|18/10/2017

Dedicado a Pilar Rahola

Escribe Antonio Robles que:

“si hay un hecho diferencial en Cataluña es que mientras que todos los proyectos europeos basados en el supremacismo nacionalista son rechazados como ultraderechistas, el supremacismo catalán pasa por democrático”.  

Y exactamente eso es lo que está pasando.

En el programa de TV3 del sábado 30 de septiembre, al que me invitaron por primera vez en siete años, en el último día de campaña por el referéndum, para fingir que era un medio de comunicación plural y objetivo, a Suso del Toro que debatía conmigo, le pareció bien que la campaña nacionalista presentara a los catalanes como más industriosos, trabajadores, formales e inteligentes que el resto de los españoles. “Sí así es, conviene decirlo” me respondió.

Recordemos los mítines del famoso diputado de Unió, Durán y Lleída, asegurando que los catalanes trabajaban para que los andaluces se gastaran su dinero en la taberna.  Y eso que al final no se decantó por el independentismo. En el programa de Unió sólo se perseguía dinero.

Pero la identidad, la diferencia, la supremacía en resumen, es un elemento importante para convencer a las poblaciones de la justicia de sus reclamaciones.

Ada Colau ha enviado un sensiblero y almibarado escrito quejándose del trato de la Guardia Civil y de la Policía a los indefensos electores y reprochando amargamente al portavoz del PP que calificara de “nazis” a los catalanes y catalanas que se manifestaban contra la represión policial. Desde luego, es poco afortunada la expresión.

Pero esa señora nunca ha dicho una palabra cuando sus socios, y ahora protegidos, han tachado de fascistas a tantos cuantos nos negábamos a aceptar la ideología supremacista, hablamos castellano y pretendemos seguir perteneciendo a España para no enfrentar a los pueblos y a los trabajadores entre sí.

El episodio de llamar fascista a Joan Manuel Serrat ha tenido mucha cobertura mediática, pero cuando hace veinte años a los firmantes del Manifiesto de los 2000 se les pintó las paredes de sus casas con el calificativo de facha, casi nadie lo reprodujo.

Como tampoco ningún medio de comunicación de Cataluña informa del acoso a que se somete a los profesionales, a los maestros, a los funcionarios, etc.,  que no comparten la ideología supremacista e  independentista que impone el régimen.

Ese sábado la inefable Pilar Rahola, reina de TV3, que domina el programa ya que los tiempos de intervención no rigen para ella, y cuya palabra es la ley de la televisión pública catalana, me dirigió una mirada hostil acompañada de una sonrisa despectiva cuando alegué que el Referéndum era ilegal, mientras comentaba “igual que lo que dice Rajoy”.

Para Rahola la única forma de descalificarme ante el imbatible argumento de que el Referéndum era ilegal, era situándome en el espacio ideológico de Rajoy. Le pregunté si también, como Joan Manuel Serrat, yo era fascista.

Mientras según el relato oficial de los ideólogos del supremacismo catalán y de la independencia, entre los que se encuentran el honorable Jordi Pujo y su esposa Marta Ferrusola, Artur Mas, su delfín, el President Puigdemont, Oriol Junqueras y Carme Forcadell, los catalanes son un pueblo oprimido por el Estado Español que ha ocupado Cataluña militarmente durante cuatrocientos años, que solo quiere votar pacíficamente la independencia, los gobiernos de la Generalitat desde 1980 han impuesto un régimen de persecución de lo no catalán con una violencia diaria, solapada y continua, aunque no utilicen las  armas.

La coacción, el insulto, la descalificación, la marginación contra lo “español” han dominado la administración, la cultura, la educación, los medios de comunicación, el ambiente social que se ha hecho irrespirable para los sectores sociales que no son de pura cepa catalanes y que no aceptan ni el falso relato de la opresión y el expolio por parte del Estado español ni apoyan la independencia.

Han marginado, acosado, despreciado y humillado a maestros, jueces, fiscales, funcionarios, hasta conseguir que se fueran de Cataluña o vivieran en el ostracismo. Se han ido de Cataluña 14.000 profesores en los últimos 10 años, más notarios y escritores y actores, perseguidos con el infamante calificativo de fascistas, o españolistas, que para ellos es sinónimo. Estamos viendo como se lleva a los niños a las manifestaciones y en las escuelas se insulta a los hijos de los guardias civiles.

Los gobernantes de la Generalitat durante 37 años se han apropiado del dinero para sus cuentas en Andorra y en Suiza, y para financiar a sus colegas, acólitos, clientes y paniguados que han vivido durante casi cuatro décadas de la prevaricación, la apropiación indebida, las comisiones y dádivas que partían de la Generalitat hacia sus fieles.

Dinero que también ha servido para financiar la espuria campaña independentista, con todos los medios de que dispone, que desde hace siete años intoxica el ambiente de Cataluña. Sólo en esta última etapa la Generalitat ha gastado 98 millones de euros en la campaña de la independencia mientras 19.000 niños estudian en barracones porque no tienen escuelas. No lo digo yo, lo explicó Jiménez Villarejo en el mitin del Foro de las Izquierdas No Nacionalistas. Otro fascista, supongo, para Pilar Rahola, ya que se atrevió a pedir el procesamiento de Jordi Pujol cuando la quiebra de Banca Catalana.

Los supremacistas catalanes tienen adoctrinadas a tres generaciones de jóvenes, y se permiten incumplir no solo las leyes del Estado sino el propio Estatut por el que tanto han llorado; cambian las leyes al mismo tiempo que las aprueban dándole a la oposición dos horas para presentar enmiendas cuando el reglamento del Parlament establece 15 días, impiden hablar y debatir a la oposición, y luego lanzan a sus fieles como zombis a la calle para que les pegue la Guardia Civil. Ese Parlament del que Pilar Rahola dice sentirse tan orgullosa.

Toda esta operación de largo alcance está organizada para que la mafia que gobierna Cataluña pueda quedarse impunemente con el dinero de todos, catalanes y españoles, supongo que con el patronazgo de Israel, Estado que tanto les gusta, especialmente a Pilar Rahola.

El 1 de octubre me paseé por Barcelona y la encontré vacía, tranquila, ajena a las “luchas revolucionarias” que se estaban librando en los colegios electorales. En algunos, unas decenas de personas esperaban en la calle, en otros quizá llegaban a cien.

Cuando, ante la dejación de de los Mossos de Esquadra de su obligación de cumplir las órdenes judiciales, la Guardia Civil intentó entrar en los locales y llevarse las urnas, comenzaron los ataques de los entrenados para ello. Los piquetes estaban organizados para ir de colegio en colegio a insultar y pegar a la policía. Todos los golpeados por la policía no eran viejecitas, madres embarazadas y niños como explica el almibarado mensaje de Ada Colau. Quienes agredieron a los policías y destrozaron los coches de la Guardia Civil eran mozos aguerridos, vociferantes, cuyas expresiones de rabia y golpes sobre los automóviles hemos visto en las imágenes repetidas por la televisión.

Imposible que votaran 2.200.000 personas cuando la gran conurbación de Barcelona estaba vacía. Las cifras de heridos son absolutamente falsas, dado que sólo hay 4 hospitalizados. La señora a la que le rompieron los dedos “uno a uno” ha explicado después que no fue así sino que tiene una capsulitis en uno solo. Nadie ha perdido un ojo, quien sí lo perdió fue una señora llamada Quintana a la que los Mossos dispararon una bala de goma en las manifestaciones contra los recortes de hace cinco años. El señor de Lérida no murió, afortunadamente se salvó del infarto que tuvo.

Y, por supuesto, ninguno de los heridos han sido ni Puigdemont ni Junqueras ni la Forcadell, que no estaban a la cabeza de las tropas de liberación nacional. Y tampoco les hemos visto visitando a los cientos de heridos en los hospitales.

Como epílogo de esta crónica de un debate, Pilar Rahola me espetó con desprecio que “hablar de clases y lucha de clases era un discurso tan viejo como del siglo XIX”, pero nadie me dio la oportunidad de recordarle que precisamente el discurso del XIX es el de los nacionalismos, que ocasionó millones de muertos en los siglos XIX, XX y XXI.

(Extracto. Adaptación libre)


Imágenes:twitter.com| cronicapopular.es| partidosain.es

Fuente: https://www.cronicapopular.es/2017/10/el-supremacismo-catalan/

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