"El lenguaje político está diseñado para que las mentiras parezcan verdades, el asesinato respetable y el viento adquiera apariencia de solidez " George Orwell

El trabajo nos hará libres cuando nos libremos de él (el futuro laboral después de la “crisis”)

James Livingston|21/12/2016

Para nosotros, los estadounidenses, el trabajo lo es todo. Desde hace siglos, más o menos desde 1650, creemos que imprime carácter: puntualidad, iniciativa, responsabilidad, honestidad, autodisciplina, esfuerzo, etc.

También creemos que el mercado laboral, donde buscamos el trabajo, ha sido relativamente eficiente en lo que a asignar oportunidades y salarios se refiere. Y hemos creído, hasta cuando era una mierda, que trabajar da sentido, propósito y estructura nuestra vida.

Sea como sea, de lo que estamos seguros es de que nos saca de la cama temprano, de que paga las facturas, de que nos hace sentirnos útiles y ocupados, y nos mantiene alejados de la televisión por las mañanas.

Pero estas creencias ya no están justificadas.

De hecho, ahora resultan ridículas, porque ya no hay bastantes trabajos disponibles y porque los que quedan ya no sirven para pagar las facturas, a no ser, claro está,  que hayas conseguido un trabajo como traficante de drogas o banquero de Wall Street, en cuyo caso, te habrás convertido en un gánster.

Hoy en día, todos a izquierda y a derecha, pretenden solucionar el hundimiento del mercado laboral fomentando el “pleno empleo”, como si tener un trabajo fuera en sí mismo una cosa buena, sin tener en cuenta lo peligroso, exigente o degradante que pueda ser.

Actualmente, la tasa de desempleo oficial en EE.UU. está por debajo del 6 %, muy cerca de lo que los economistas siempre han considerado como “pleno empleo”, y sin embargo la desigualdad salarial sigue exactamente igual.

Trabajos de mierda para todos no es la solución a los problemas sociales que tenemos.

Pero no es que lo diga yo, para eso están los números. En EEUU más de un cuarto de los adultos actualmente con empleo, cobra salarios más bajos de lo que les permitiría superar el umbral oficial de la pobreza, y por este motivo un quinto de los niños estadounidenses viven sumidos en ella. Casi la mitad de los adultos con trabajo en EEUU tiene derecho a recibir cupones de comida (el Programa Asistencial de Nutrición Suplementaria, SNAP por sus siglas en inglés, que proporciona ayuda a personas y familias de bajos ingresos). El mercado de trabajo ha fracasado, como casi todos los demás.

Los trabajos que se evaporaron durante la crisis económica no van a volver, diga lo que diga la tasa de desempleo (el aumento neto del número de trabajos creados desde el año 2000 se mantiene todavía a cero), y si regresan de entre los muertos, serán zombis, del tipo media jornada o cobrando el salario mínimo, y con los jefes cambiando tus horarios todas las semanas.

Y que no digan que subir el salario mínimo a 15$ por hora es la solución. Nadie duda del enorme significado ético de la medida, pero con este salario, el umbral oficial de la pobreza se supera solo después de haber trabajado 29 horas por semana, luego, ¿qué sentido tiene cobrar un sueldo que no sirve para poder ganarse dignamente la vida?

Pero, calla, ¿no es este dilema una fase pasajera más del ciclo económico? ¿Qué pasa con el mercado de trabajo del futuro? ¿No se ha demostrado ya que esas voces agoreras estaban equivocadas porque siempre aumenta la productividad, se crean nuevos campos empresariales y nuevas oportunidades económicas?

Bien, sí, hasta ahora. La tendencia de los indicadores y las proyecciones razonables sobre el próximo medio siglo se basan en una realidad empírica tan bien fundamentada que es imposible desestimarlos como ciencia pesimista o sinsentido ideológico. Son exactamente iguales que los datos sobre el cambio climático: si quieres puedes negarlo todo, pero te tomarán por tonto cuando lo hagas.

Por ejemplo, los economistas de Oxford que estudian las tendencias laborales nos dicen que casi la mitad de los trabajos existentes, incluidos los que conllevan “tareas cognitivas no rutinarias” (pensar, básicamente) están en peligro de muerte como consecuencia de la informatización que tendrá lugar en los próximos 20 años. Argumentos que no hacen más que profundizar las conclusiones a las que llegaron dos economistas del MIT en su libro Race Against the Machine (La carrera contra las máquinas), en 2011.  Los tipos de Silicon Valley que dan charlas TED han comenzado a hablar de “excedentes humanos” como resultado del mismo proceso: la producción cibernética. Rise of the Robots: Technology and the Threat of a Jobless Future de Martin Ford, es un libro de ciencias sociales, no de ciencia ficción, publicado en 2016 que advierte de los negros nubarrones que se ciernen sobre el empleo.

Así que nuestra gran crisis económica (no te engañes, no ha acabado todavía) es una crisis de valores tanto como una catástrofe económica. También se la puede llamar “impasse espiritual”, ya que nos hace imaginar otro mundo y nos empuja a preguntarnos qué otra estructura social, diferente de la actual, permitirá que trabajar no sea lo que forje nuestro carácter, determine nuestros sueldos y domine nuestras vidas.

En pocas palabras, que podamos exclamar: ¡basta ya, a la mierda el trabajo!

La crisis hace que nos preguntemos: ¿qué hay después del trabajo? ¿Qué harías si el trabajo no fuera esa sujeción externa que organiza tu vida cuando estás despierto, que hace que te levantes por las mañanas y te encamines a la fábrica, la oficina, la tienda, el almacén, el restaurante, o adonde sea que trabajes y, sin importar cuanto lo odies, te obliga a que sigas regresando aél día tras día? ¿Qué harías si no tuvieras que trabajar para obtener un salario?

¿Cómo sería nuestra sociedad y civilización si no tuviéramos que “ganarnos” la vida, si el ocio no fuera una opción, sino un modo de vida? ¿Pasaríamos el tiempo en el Starbucks con los portátiles abiertos? ¿O con nuestros hijos de manera voluntaria? ¿O fumaríamos hierba y veríamos la tele todo el día?

Mi intención no es proponer una reflexión extravagante. Hoy en día, estas cuestiones son de carácter práctico porque no hay suficientes trabajos para todos. Así que ya es hora de que nos preguntemos: ¿cómo se puede vivir sin un trabajo? ¿Es posible recibir un ingreso sin trabajar para obtenerlo? Para empezar, ¿es posible?, y lo que es más complicado, ¿es ético?

Si te educaron en la creencia de que el trabajo es lo que mejor que te puede pasar en la vida y lo que determina tu valor en esta sociedad, ¿sentiremos que hacemos trampas al recibir algo a cambio de nada?

Esperemos que seamos capaces de encontrar algo mejor que hacer en la vida que trabajar, y que la falta del mismo deje de ser un problema para convertirse en la solución.

(Extracto. Adaptación libre)


Imágenes: rezanazmi.wordpresscom|J.R.Mora| Radio Tica

Fuente: http://ctxt.es/es/20161214/Politica/10037/empleo-trabajo-salarios-ocio-pobreza-informatizacion.htm?src=tpu

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