"Los que buscan multitudes no son nada solos" Charles Bukowski

Sin una conciencia común europea el euro será un fracaso, señala Emmanuel Todd

Hernán Garcés|Arthur Vigneron |Andrés Allemand/ Olivier Bot|30/12/2014

tusquetseditorescomEmmanuel Todd, nieto del novelista Paul Nizan y sobrino en segundo grado del famosos étnologo Claude Lévi-Strauss, es un reputado historiador y antropólogo francés, que lleva advirtiendo desde 1995 de la imposibilidad histórico-antropológica de la moneda única, y que saltó a la fama con sólo 25 años al predecir en 1975, cuando aún estudiaba en la Universidad de Cambridge, la explosión del sistema soviético en su libro El Hundimiento Final”que se convirtió rápidamente en un bestseller. Desde entonces han sido tantos los pronósticos acertados en su haber que el periódico Le Monde le denominó recientemente “el profeta de los políticos”.

En su libro “La invención de Europa”, Todd escribió sobre las consecuencias que traería la implantación de la moneda única en el continente: “La diversidad de las costumbres y de los valores europeos conduce a una sola conclusión: la regulación monetaria centralizada de sociedades tan dispares como, por ejemplo, Francia y Alemania, conducirá a un disfuncionamiento masivo, al principio, de una u otra sociedad, y luego, de las dos. Si el proyecto de la moneda única se lleva a cabo, este libro permitirá comprender, en veinte años más, por qué  la  unificación estatal impuesta sin una conciencia colectiva común ha producido una jungla más que una sociedad.”

El hombre que nos recibe en su casa es extremadamente cálido, cordial y sencillo. A veces iconoclasta, Emmanuel Todd rebosa ideas. Su análisis geopolítico de Europa está íntimamente vinculado a sus investigaciones sobre las estructuras familiares que estudia sin descanso. Su hipótesis es que el núcleo familiar es el primer factor de condicionamiento psíquico del ser humano, y por tanto un buen instrumento para comprender las diferencias de comportamiento de los distintos pueblos de Europa.

Todos intuimos que alemanes y austriacos son, en su mayoría, más ordenados y disciplinados; que ingleses y holandeses son liberales, y que españoles, franceses e italianos son más desordenados e indecisos que sus vecinos. Sin embargo, nadie puede explicar eso de manera racional. Emmanuel Todd nos ofrece una respuesta antropológica y sus resultados sorprenden. Su teoría, que reposa en hechos objetivos, tiene el mérito de identificar en cada estructura familiar sus virtudes y sus defectos. “Tengo la sensación de tener las herramientas necesarias para explicar racionalmente las diferencias entre los pueblos, lo que permite escapar a todo racismo”, explica.

En 1995, cinco años después de la publicación de La Invención de Europa, aprovecha el prólogo de la nueva edición del libro para oponerse al tratado de Maastricht y el euro, ¿por qué?

Cuando escribí La Invención de Europa, yo era profundamente apolítico. El objetivo inicial de mis investigaciones no era llegar a una conclusión sobre Europa, sino más bien estudiar la divergencia de los sistemas familiares para comprender la historia. El azar hizo que el libro se publicara en el mismo momento en que todo el mundo estaba eufórico con el paso adelante de Europa e inicialmente el libro fue recibido como una contribución al europeísmo. Por aquel entonces, la diversidad de Europa era percibida como algo positivo.

Mi tranquilidad se vio alterada cuando unos tipos llegaron con su maravillosa idea del euro. En ese momento yo estaba trabajando sobre los problemas de integración de los inmigrantes en Francia, Reino Unido y Alemania. Estaba observando las enormes divergencias de matrimonios mixtos entre estos tres países y mi instinto me dijo que estos países no estaban preparados para converger. Me di cuenta que mi modelo basado en las divergencias de los sistemas familiares era más potente de lo que había imaginado. Llegué a la conclusión de que el euro no podía funcionar.

Como historiador de largo recorrido, no puedo más que sentir aversión al angelismo pro-europeo; la realidad de Francia no es que se está fusionando con España, Finlandia, Irlanda y Alemania, sino que poblaciones de origen europeo, africano, árabe y asiático están fusionándose, en particular en la región parisina, y frente a la grandeza histórica de estos encuentros planetarios, la idea europea es por naturaleza reductora, incluso mezquina.

¿Qué opina la crisis de la Unión Europea?

El sistema europeo es disfuncional, es una evidencia más que flagrante. La pregunta no es saber si Europa funciona, Europa es un desastre. El problema estriba en poder responder a la siguiente pregunta. ¿Por qué no ocurre nada? ¿Qué ocurre con el cuerpo electoral?

Uno de los grandes problemas que tenemos al describir la realidad de la Unión Europea es el inmovilismo de las palabras y las costumbres verbales que impiden una descripción correcta de lo que está ocurriendo. Seguimos hablando de Europa, o de federalismo, como si estuviésemos hablando de la misma “cosa”. Sin embargo, no es la misma Europa de antes. Es una Europa donde las naciones son desiguales. Hay un jefe, que es Alemania y sus satélites de Europa del norte y los países bálticos. Ya no estamos ante la Europa de papá, la Europa simpática de la política agrícola común, de Airbus, de Ariane y del proyecto Erasmus. Es otro mundo, que yo defino como “austeritario”, desigual y sadomasoquista.

Según usted, Alemania ha retomado el control del continente europeo,  ¿cómo ha ocurrido?

Si dejamos de escuchar el blablá europeísta, constatamos que a lo largo de los últimos cinco años Alemania ha tomado el control del continente europeo tanto en el plano económico como político.

Alemania ha recorrido un camino prodigioso, de sus dificultades económicas durante la reunificación a su restablecimiento económico. Aprovechando su solidez económica, tuvo la capacidad de utilizar la crisis de la deuda para poner en cintura al conjunto del continente. ¡No se puede reprochar a la gente ser eficaz! Ha encontrado de nuevo su espacio de dominación en Europa del Este con los antiguos satélites soviéticos, sumado al control de facto de la Europa del sur.

Lo que es verdaderamente inquietante es la amnesia. Todo el mundo nos da la tabarra con el culto a la memoria y no estoy haciendo burla, soy de origen judío, pero en realidad la memoria histórica es cero. Todo el mundo parece sorprendido cuando redescubrimos que Alemania sigue siendo Alemania.

¡La memoria debería habérnoslo dicho!

Le acusan de ser germanófobo…

¡Menudo error! Mi actitud es fundamentalmente una aceptación de historiador y antropólogo. Acepto ver la especificidad de la potencia de Alemania, la evidencia de un rol particular de Alemania en la historia. Por ejemplo, la modernidad educativa europea comenzó con la reforma protestante en Alemania, que estaba alfabetizada mucho antes que Francia, por no hablar de España. Pero Alemania es Alemania, disciplina, eficiencia, obstinación en la búsqueda de objetivos específicos.

Thomas Mann, en 1953, en un discurso a unos estudiantes de Hamburgo les advertía contra una “Europa alemana” y preconizaba más bien a aspirar a una “Alemania europea”. ¿Qué opina de esta advertencia?

Esto me recuerda una broma. ¿Qué es Europa? Un conjunto de naciones que temen a Alemania… ¡y esta definición incluye a la propia Alemania! ( risas)

Tener miedo de Alemania en la época de Thomas Mann era un sentimiento totalmente natural. No solo por la devastación que había provocado durante la Segunda Guerra Mundial, sino también porque era un país que había conseguido hacer cosas completamente inconcebibles en términos de potencia y eficiencia militar. De ello, los militares franceses se acuerdan… Cuando uno piensa que finalmente fueron necesarios los ingleses, los americanos y los rusos para doblegarla, ¡es sencillamente increíble!

Para los europeos de la posguerra, Alemania era un país prodigiosamente civilizado, disciplinado y eficaz, que podía de vez en cuando, transformarse en un perro enrabiado completamente demente. Evidentemente, es algo que Mitterrand y Thatcher tenían en mente cuando se negaron en un principio a la reunificación de Alemania.

¿Entonces el destino de Alemania sería dominar periódicamente al resto de Europa?

Tampoco hay que dramatizar, ¡estamos en tiempos de paz! Por suerte, sólo hablamos del nivel de vida. El problema de Alemania es su incapacidad de permanecer tranquilamente en posición de jefe. Este fenómeno tiene una explicación antropológica, vinculada a la estructura familiar típica de Alemania, que desarrollo en La Invención de Europa.

El modelo familiar alemán es por naturaleza autoritario, jerárquico y desigual. En una sociedad estructurada alrededor de este modelo familiar, la persona que se siente incómoda es el jefe, que se encuentra en lo alto de la jerarquía y tiene que decidir, actuando libremente en un universo muy vasto. Por definición, esta persona es incapaz de pensar en términos de libertad o igualdad y entra en pánico ante la libertad que le procura el poder. Es una explicación racional a los desvaríos periódicos de Alemania cuando alcanza de manera autónoma la posición de superpotencia.

Pero más allá de las diferencias políticas entre la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Hollande, ¿no es en sí la misma naturaleza de la sociedad francesa y alemana la que genera problema?

En mi libro La invención de Europa, ya preconizaba ya en 1990, que quince o veinte años más tarde, Europa sería una jungla. Mi investigación antropológica me había convencido que la diversidad de sistemas familiares, de temperamentos políticos y sociales europeos, haría que la moneda única, es decir el euro, fuese por decir, algo casi imposible de administrar.

 ¿Qué relación hay entre las estructuras familiares y el euro, es decir la moneda común?

les-crises.frLas personas que toman las decisiones políticas y que crearon el euro pensaron que unificando las monedas europeas iban también a unificar las mentalidades, pero las sociedades están ante todo marcadas por los valores heredados implícitamente de su estructura familiar.

Francia, por ejemplo, históricamente vive bajo un sistema individualista igualitario. Es conocido, por ejemplo, que en el mundo campesino francés en la Edad Media, la herencia era repartida a partes iguales entre todos los hijos, fueran éstos hombres o mujeres. Los jóvenes eran liberados de la tutela de sus padres a temprana edad, y al ser la autoridad débil, daba como resultado jóvenes adultos particularmente favorables a ideas de libertad e igualdad. Este modelo familiar termina siendo proyectado sobre un plano ideológico, y engendra individuos bastante difíciles de gobernar o administrar, sea en un plano político o social. ¡El típico burdel francés pues!

Al contrario, la estructura familiar alemana era el sistema del heredero único. La granja o la bodega se le otorgaba en herencia frecuentemente al hijo mayor, aunque a veces al menor, como sucedía en Berna, Suiza, lo que generaba valores de autoridad y de desigualdad; de jerarquía. Parejas de esposos bastante maduros vivían aún en casa de sus padres… De ahí su eficiencia industrial, su posición dominante en Europa, pero también su rigidez mental. Aunque, evidentemente, las reglas de herencia han cambiado y las ciudades alemanas ya no son, ni se asemejan a las del pasado, los modos de comportamiento en la vida política, económica y social perduran aún hoy. Resumiendo, se trata de dos sociedades muy diferentes.

Sin embargo Suiza está construida sobre culturas diferentes alrededor de una moneda única, el franco suizo…

Sí, eso es verdad. En Suiza hay una población de cultura germánica con estructuras familiares de tipo alemán. Y también suizos que hablan francés, con influencias de la cultura francesa y con estructuras familiares de tipo francés, sin olvidar a los suizos italianos y los suizos romanches, pero en Suiza, la religión ha equilibrado el sistema. El protestantismo es casi tan fuerte en ambas partes de la suiza francófona de cultura latina como en la parte suiza alemana de cultura sajona. No es el caso de Alemania, mayoritariamente protestante, y de Francia mayoritariamente católica, donde las identidades culturales están más polarizadas.

¿No es posible la solidaridad entre países vecinos?

Ahí hay una confusión. El discurso europeo es infantil. En estos tiempos de globalización, se piensa que cuanto más grande se es, uno es más fuerte. Los chinos son 1.300 millones de personas, en India habrá pronto más gente que en China, en Estados Unidos son 300 millones de personas…

Se piensa que la unión hace la fuerza, pero en la realidad europea, primero priman la cultura y la solidaridad nacional y en ese sentido, el libre mercado empuja a las naciones a una disputa económica y comercial entre ellas. La globalización no es otra cosa que una competición económica a escala mundial, pero los países que realmente se están confrontando son sobre todo los que están más parejos en términos de nivel de vida y más próximos geográficamente.

Por ejemplo, si los chinos mantienen su moneda, el yuan, devaluada, a un nivel bastante bajo, no lo hacen por estar en contra de nosotros los europeos o de nuestras exportaciones, porque los europeos no les importamos para nada en ese sentido a consecuencia de la gran diferencia de salarios, de costos y de niveles de vida existentes entre China y Europa. Los chinos lo hacen para seguir siendo competitivos frente a sus vecinos asiáticos, sean estos tailandeses, filipinos o vietnamitas y poder conservar en China las fábricas productoras, y que no vayan a otros países donde la mano de obra sea más barata.

Lo mismo sucede en Europa, donde para sobrevivir, cada país hace su juego. Comenzando por Alemania, cuyos líderes han sabido muy bien utilizar el euro como un espacio cerrado y en el cual las economías europeas más débiles no podían devaluar sus monedas porque todos usan la misma.

La paradoja de Europa es que se suponía que todos iban a ser solidarios, pero los estados se han comportado a la inversa.

¿El eje franco-alemán puede ser aún la columna vertebral de la Unión Europea?

La reconciliación franco-alemana después de la Segunda Guerra Mundial, se tenía que hacer. Pero, reconciliarse, no quiere decir que seamos iguales. La historia de Europa es eso. En un principio, se trató de un proyecto que se basó en un modelo franco-compatible,  a nivel de igualdad de voz, cual fuese el tamaño o potencia del país. De la costumbre inicial de aplicar una jerarquía de países miembros, poniendo a Alemania a la cabeza, a Francia en un brillante segundo puesto y a los otros países europeos de cultura latina en la cola del pelotón, hemos pasado finalmente a un modelo aún más jerárquizado.

Pero uno se hace la pregunta: ¿Alemania tiene en verdad un deseo real de dominación? El problema con este tipo de sociedad construida sobre un modelo autoritario es que cuando no hay nadie por encima de ellos, esto  puede descarrilar. Hay indicios de que Alemania se comporta como una gran potencia ahora, y no sólo por los dictados imuestos a Grecia. En cambio, los japoneses, que también tienen una estructura familiar autoritaria, ya no quieren estar más en una posición de dominación y han preferido elegir el rol de hermano pequeño de los Estados Unidos.

¿En qué el modelo familiar griego puede esclarecer la crisis europea actual?

Esto es muy interesante. Escuchamos en estos momentos discursos muy humillantes respecto a Grecia a la que se acusa de todos los males e incompetencias. La ausencia de un Estado central fuerte, la dificultad de recaudar los impuestos, todo esto podría explicarse por la complejidad de las estructuras familiares griegas. Porque en Grecia hay tres modelos tradicionales diferentes. El que existe en Atenas y en las islas del mar Egeo que es matriarcal y centrado en las mujeres con reglas de primogenitura femenina pero sin cohabitación de generaciones. En cambio en el Peloponeso y en la región de Beocia tenemos núcleos familiares] menos rígidos, patriarcales, centrados en los padres. En Tesalia y el Epiro el modelo familiar es más bien comunitario, a la manera de los serbios y rusos.

Estos diversos modelos familiares generan personas diferentes. Grecia tiene una gran historia marítima. Tienen una gran diáspora. Los demógrafos están impresionados por la longevidad de vida de su población. Manifiestamente, existe un arte de buen vivir y una sabiduría que no se puede calificar de ocio. Si los griegos son expulsados del euro contra su propia voluntad, van a tener un año muy duro y difícil. Pero enseguida, toda la gente verá la enorme ventaja competitiva en términos salariales de Grecia. El país se levantará económicamente. Pero por otro lado será el fin de la moneda única europea. Si los países europeos se pelean hoy en día por mantener a Grecia dentro del espacio monetario común lo hacen para que Grecia siga pagando, para poder despojarla aún más de sus bienes.

Usted constata el fracaso de la moneda única.

En primer lugar, hay que ser conscientes de que si el euro se derrumba, es Alemania el país que será más afectado, ya que es el país más exportador de Europa. En 1929, fueron los Estados Unidos y Alemania los que sufrieron más el desplome de la bolsa debido a que eran las dos mayores potencias industriales de la época. Los alemanes han entendido claramente que con un retorno a las monedas nacionales del pasado, todos van a devaluar sus monedas,  para protegerse de las exportaciones alemanas.

Y Alemania además de tener que volver al marco, estará estrangulada económicamente. En realidad, la gente que está más traumatizada con la posibilidad de una desaparición del euro, son los propios dirigentes alemanes. Sin embargo, los griegos y los franceses quieren quedarse en el euro más bien por razones irracionales. No se dan cuenta de que el fin de la moneda única les hará mucho bien.

Usted denuncia una especie de conspiración mundial de la oligarquía financiera contra la democracia, ¿acusa al Foro Mundial de Davos o a la Organización Mundial de Comercio (OMC) ?

En primer lugar, Davos no tiene mucha importancia. Y la OMC no es el problema. El problema es la corriente neoliberal de libre mercado de la OMC.

Las fuerzas de la desigualdad y la dominación están en una especie embriaguez terminal: imposición de un servicio frenético de la deuda pública, ansia de privatizaciones, sed de austeridad. El libre comercio, que se nos vende como la panacea para las naciones, es en realidad una declaración de guerra económica de todos contra todos. Crea un estado de selva, de relaciones de fuerza, que están destruyendo Europa porque conduce a una jerarquización de naciones en función de su situación económica.

(Extracto. Adaptación libre)

 Imágenes: les-crises.fr| tusquetseditores.com

Fuentes: http://alternativaseconomicas.coop/posts/emmanuel-todd-europa-debe-deslegitimar-a-sus-elites http://www.voltairenet.org/article174194.html

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