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Trabajar hasta la muerte en Qatar

Matteo Fagotto|elpais.com

  • Al menos 672 trabajadores nepalíes han muerto durante los últimos cinco años en Qatar. Cada día llegan al Aeropuerto Internacional Tribhuvan de Katmandú un promedio de dos trabajadores muertos.
  • En el Emirato los sindicatos están prohibidos y no existe el salario mínimo.

En Qatar ya son al menos 672 los trabajadores nepalíes que han muerto durante los últimos cinco años en un país donde los sindicatos están prohibidos y no existe el salario mínimo. De hecho, muchos de ellos se han convertido en esclavos en las obras que se están realizando en Qatar con motivo del Mundial de Fútbol de 2022, trabajando bajo el sol abrasador del desierto, sin ningún tipo de experiencia, con sus pasaportes retenidos y unas condiciones de vida que no se corresponden con la clase de trabajo ni con los salarios que al principio les habían prometido.

Más de 1,4 millones de trabajadores migrantes, 400.000 de ellos de Nepal, trabajan en la construcción de hoteles, autopistas, aeropuertos y estadios que albergarán el primer Mundial de Fútbol en Oriente Medio.  Qatar invertirá cerca de 200.000 millones de dólares en proyectos de construcción distintos de los meramente deportivos, y contratará 500.000 trabajadores adicionales para finalizarlos. La Confederación Sindical Internacional (ITUC, por sus siglas en inglés) ha advertido que los constantes abusos que sufren los obreros en Qatar podrían causar la muerte de 4.000 personas antes de 2022

Foto: Matilde Gattoni

Foto: Matilde Gattoni

Tamang, un joven nepalí, tomó la decisión de emigrar a los países del Golfo Pérsico y a Malasia en busca de un futuro mejor, pero sus sueños pronto se convirtieron en pesadilla porque, aunque le garantizaron un empleo como guardia de seguridad, una vez en Doha descubrió que le habían asignado un puesto como limpiador de cristales en un rascacielos. Si bien la agencia de colocación de Nepal encargada de buscarle un trabajo en Qatar le había prometido un sueldo de aproximadamente 330 dólares mensuales, su salario real era una tercera parte más bajo.

Tamang había sido víctima de un engaño. Pero no podía hacer nada. En Qatar está en vigor la kafala, una ley que permite a los jefes disponer del visado de sus trabajadores impidiéndoles además cambiar de empleo, salir del país sin el permiso del patrón o demandar a las empresas en caso de desacuerdo o conflicto laboral. Además, Tamang tenía que devolver un préstamo de 1.200 dólares que había solicitado para pagar el billete de avión a Doha y a la agencia de contratación en Katmandú. Una cantidad considerable para él. Por tanto, la única alternativa que le quedaba para enviar todo el dinero que fuera posible a su familia, era trabajar una media de doce horas diarias, seis días a la semana. Hasta el día de su muerte.

Cada día llegan al Aeropuerto Internacional Tribhuvan de Katmandú un promedio de 2 trabajadores muertos en ataúdes fácilmente reconocibles. En la terminal de llegadas, las familias aguardan pacientemente durante horas llorando en silencio mientras rellenan el papeleo necesario para recuperar los cuerpos de sus seres queridos y proceder a la incineración. A unos cientos de metros de allí, en la minúscula terminal de salidas de ese aeropuerto atiborrado de personas, una multitud de jóvenes hacen cola desde las siete de la mañana. Solo llevan consigo un pequeño y sencillo bolso de viaje con cuatro o cinco piezas de ropa en su interior y observan todo lo que les rodea con esperanza y temor. Aunque es una elección dolorosa, están decididos, al igual que lo están los 1.700 trabajadores que salen de Nepal cada día por estas puertas, a huir de un país donde hay un 46% de desempleo. A pesar de que son conscientes del escandaloso número de trabajadores que mueren en los países de destino y de que sienten verdadera preocupación porque les suceda lo mismo, su respuesta no puede ser más elocuente: “no nos queda otro remedio”.

De acuerdo con los relatos de algunos trabajadores que han regresado, una vez en Qatar se alojan en campos de trabajo pequeños e insalubres donde cientos de personas conviven hacinadas compartiendo una cocina y pocos cuartos de baño. Una gran mayoría trabaja de 10 a 14 horas diarias, a menudo soportando temperaturas que alcanzan los 55 grados. Como consecuencia del ritmo de trabajo agotador e inhumano, muchos son incapaces de sobrellevar el cansancio y mueren a causa de un fallo respiratorio o cardíaco. Aunque las organizaciones sindicales y de Derechos Humanos vinculan estas muertes a las terribles condiciones laborales, el Gobierno de Qatar las considera como meros infartos puesto que “las empresas y los países no se hacen responsables si no se demuestra claramente que existe una relación entre las muertes y el trabajo”, explica un funcionario del Foreign Employment Promotion Board.

El pasado año, las remesas que los inmigrantes enviaron a su país superaron los cinco mil millones de euros, una cifra que constituye casi el 25% del PIB de Nepal. Este éxodo masivo está teniendo graves consecuencias. En Nepal se ha abandonado la agricultura y el país es ahora un importador neto de productos agrícolas y receptor de miles de temporeros indios que llegan cada año para trabajar en los cultivos abandonados. Asimismo, la falta de convivencia entre los trabajadores migrantes y sus esposas ha traído consigo un aumento de los casos de VIH a causa de las relaciones extramaritales. Además, el descrédito de la educación es cada vez mayor. “Los niños ahora no se toman en serio los estudios. Su único objetivo es salir al extranjero”, afirma un experto en migración del Institute for Development Studies de Nepal. “La migración laboral es una bendición y una válvula de escape para nuestra economía, pero a largo plazo no es una solución para el desarrollo del país”.

Las autoridades cataríes han anunciado recientemente los esperados cambios de su reforma laboral, en concreto la eliminación de la ley kafala y del visado de salida, una norma por la que los trabajadores necesitan el permiso de sus jefes para salir del país. Qatar también ha prometido mejores condiciones laborales para los obreros contratados para construir estadios, pero no para los que trabajan en otro tipo de infraestructuras. Hasta ahora, sin embargo, el nuevo sistema no se ha implementado y según los testimonios de trabajadores y de organizaciones de Derechos Humanos, la situación sobre el terreno no ha mejorado.

(Fragmento)


Traducido del inglés por Virginia Solans.

Fuente,  elpais.com:  http://elpais.com/elpais/2014/07/14/planeta_futuro/1405345046_603028.html

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