Ramón Claver|9/04/2015
Los responsables de lo que ocurre, tanto en una democracia, como en los cuentos de Andersen, no son las cúpulas políticas ni los banqueros. Somos los ciudadanos. Si no queremos que la montaña de deuda pública siga enterrando las ilusiones y proyectos de nuestros hijos y nietos, debemos tomar conciencia y obrar en consecuencia.








