El egoísmo atiende a la supervivencia del individuo y sus intereses particulares, en tanto que la solidaridad responde a la supervivencia del grupo y sus intereses generales.
Aunque opuestas, ambas tendencias no son incompatibles ni enemigas como en principio pudiera parecer, sino complementarias, ya que cada una cumple una función necesaria y tiene su lugar. Convivencia y supervivencia representan dos caras de la misma moneda.
El problema surge cuando una de ellas intenta prevalecer a costa de la otra y se rompe ese delicado equilibrio.
La historia nos enseña que hemos tenido sociedades malas para la colectividad y buenas para el individuo, como la capitalista, y al revés, sociedades buenas para la colectividad y malas para el individuo, como las tribales, pero nunca hemos sido capaces de conseguir un modelo que integrara armónicamente esa doble dimensión, pública y privada, del ser humano, sin sacrificar a alguna de ellas.
El gran desafío al que se enfrenta nuestra especie.