En esta entrevista realizada el día 23 de diciembre por Beatriz Talegón a Juan Ramón Laporte, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Barcelona, Licenciado en Medicina, Profesor de Farmacología de la Universidad Autónoma de Barcelona, ex-director del ICF (Instituto Catalán de Farmacología), experto de la Organización Mundial de la Salud en evaluación de medicamentos, y ex asesor de la Agencia Europea del Medicamento, explica cómo está funcionando la farmacovigilancia de las vacunas covid.

14′ 10″: A veces lo que parece una solución, más tarde no lo es. Puede suceder que las vacunas que, de momento, han protegido, a la larga presenten efectos graves. No se puede saber ahora. Con esta nueva tecnología farmacológica (vacunas de ARNm), nos encontramos en una situación en la que lo que hay es incertidumbre, no seguridad, porque no existe nada evidente, y menos aún en mitad de una pandemia.

Lo que ha habido es una información sesgada: se habla de «seguridad» para ocultar los efectos adversos; de «resultados clínicos» cuando se trata de anuncios publicitarios de las compañias farmacéuticas; y se exageran los efectos positivos de las vacunas. Antivirales como el remdesivir y el monulpiravir no han cumplido las expectativas.

18′ 40″: Si los medios de comunicación preguntasen primero  a los expertos por sus conflictos de intereses: si reciben dinero de la industria farmacéutica, invitaciones, regalos, etc., o si trabajan para alguna institución que recibe fondos de los fabricantes de vacunas, veríamos como desaparecerían la mayoría. Yo creo que a esa gente se la puede escuchar, pero no debería estar en ningún organismo público de decisión.

24′: La VAERS (la base de datos de efectos adversos producidos por vacunas en EEUU), registra centenares de miles o  millones de víctimas y miles de muertes causadas por las vacunas covid. A pesar de que se notifican de manera voluntaria o espontánea, y que no recoge más que una mínima parte de las que ocurren, la cifra es enorme.

26′ 07″: Con las vacunas de ARNm, que es un mecanismo totalmente nuevo, hemos entrado en un experimento global y masivo. Hasta ahora estos fármacos genéticos se usaban en grupos muy reducidos de pacientes para situaciones límite, con pocas, o nulas, opciones terapeúticas. Está justificado correr un riesgo con personas enfermas, pero no tanto con personas sanas para prevenir una enfermedad. Ahí es donde surge la duda.

Al proceder a vacunar masivamente a la población, era fundamental reforzar los sistemas de farmacovigilancia para poder efectuar un buen seguimiento de sus efectos, cosa que no ha ocurrido. En Cataluña, donde cada año se reciben en el centro de farmacovigilancia entre 3.000 y 4.000 notificaciones de efectos adversos, sólo en los primeros 4 meses de 2021, hubo más de 7.000 notificaciones, la mayoría asociadas a las vacunas covid. Sin embargo el personal se redujo. Si el propio sistema sanitario no tiene voluntad de observar lo que pasa con rigor, ¿qué fiabilidad pueden tener sus datos?

31′ 15″ Existe una tecnoidolatría, veneramos la tecnología… así que ¿cómo va a ser la vacuna la qué nos cause algún daño?… De las trombosis originadas por vacunas se empezó apuntando a la de Astrazeneca como causante del problema, eximiendo a las de Pfizer y Moderna, interrumpiéndose la vacunación con la primera por considerarla demasiado peligrosa.

34′ 53″: En Cataluña, desde el 1 de enero de 2021 hasta el 20 de abril de 2021, se hizo un seguimiento de más de un millón de personas vacunadas durante los 21 días posteriores a su vacunación. Vimos que el promedio de trombosis  con trombocitopenia, era de 2,42 por 100.000 habitantes cada 21 días.

Entre los vacunados esa incidencia aumentaba a 5,6 casos, más del doble de lo normal. Por tanto había 3,2 casos (5,6- 2,42) de trombosis entre los vacunados provocadas exclusivamente por las vacunas. Ahora bien la probabilidad de padecer una trombosis debido a la covid era de 38,38, es decir de 35,96 (38,38-2,42). Así pues la covid produce bastantes más trombosis que las vacunas. Pero hay que tener en cuenta que se pretende vacunar a todo el mundo, cuando la covid no afecta a todo el mundo, ni siquiera de forma grave a la mayoría, y que las personas hasta los 50 años presentan una bajísima posibilidad de sufrir una trombosis si contraen la enfermedad.

Sólo se notifican en torno a un 5% de los efectos adversos de las vacunas, y existe además un sesgo de notificación, porque solo se informa de lo que llama más la atención, como una trombosis en una persona joven después de haberse vacunado, y no en una mayor.

Mi sorpresa fue mayúscula al comprobar que las trombosis producidas por vacunas, por millón de vacunados en España, eran del orden de:

  • 4,6 casos por 100.000 personas para la vacuna de Pfizer (BNT162b2)
  • 21,36 casos por 100.000 personas para la vacuna de Moderna (mRNA1273)
  • 2,27 casos por 100.000 personas para la vacuna de Astrazeneca (ChAdOx1)

y que por tanto la vacuna de Astrazeneca producía menos trombos que cualquiera de las otras pese a la propaganda en su contra que conllevó su retirada.

Cuando en junio de 2021 publicamos estos datos, en todas las revistas nos dijeron que «este estudio iba contra la evidencia». Salvo el nuestro, no existe ningún estudio que yo conozca, en el que se comparen las tres vacunas. No se está investigando qué vacuna es mejor para cada grupo de edad, estado individual de salud, etc. Los datos son información, no conocimiento. Para eso hace falta reflexión.

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