"Es más fácil engañar al pueblo que convencerle de que está siendo engañado" Mark Twain

El testimonio de un niño asesino colombiano

Richard However 29/07/2020

Esta entrevista, hecha en español, por el periodista Richard However, nacido en Québec, Canadá es una de las que no publicó en vida. Un caso verídico, impactante.

Martín.

Sí, ya lo sé: lo que hice no está bien. No quiero buscar excusas, por supuesto que no. Ni tampoco voy a pedir que me perdonen. Lo hice, y punto. Matar no está bien, ya lo sé.

Aunque, bueno… ¿quién dice que no está bien? Si uno se pone a pensarlo detenidamente, es discutible. Claro, si lo digo yo, un niño de la calle, un marginal, un indigente de Santa Fe de Bogotá… ¿quién me va a prestar atención? A los niños de la calle no se les escucha; simplemente se les saca de en medio. Somos lo que afea las ciudades, la basura, la inmundicia, ¿usted piensa que no sé eso?

Pero también le hago la pregunta: ¿usted piensa que a nosotros nos puede gustar ser eso?, ¿usted cree que podemos estar contentos de hacer eso? Pero ante los ojos de todos soy un asesino y no hay mucho que añadir. Soy un terrible asesino, un homicida. No tengo derecho a reclamar nada, porque lo que hago es atroz. De acuerdo. No estoy totalmente convencido que sea así, pero lo tengo que aceptar: ¿cómo un harapiento niño de la calle podría discutir estas cosas?

Pero ¿no es tan criminal como lo que yo hice, o peor incluso que eso, condenarnos a ser lo que somos, a esta vida de marginales, de subhumanos que no tienen ninguna posibilidad en la sociedad?

Espero que usted, con su grabadora y su cámara de fotos, entienda lo que le estoy diciendo y no sea simplemente un vendedor de noticias sensacionalistas, que viene sólo a mostrar mis manos manchadas de sangre.

Criado en la calle toda mi vida, ya ni me acuerdo de mi familia. De hecho no tengo apellido, y no sé si realmente me llamo Martín. Así me dijeron siempre, por lo que adopté ese nombre. Bueno, si no me llamo así, no importa. Así me conocen y es suficiente.

Recuerdo vagamente que la señora con quien viví un tiempo, me pegaba con un alambre. Ella siempre me decía que mi mamá, mi verdadera mamaíta, me regaló. No le puedo decir si eso era cierto; pero si lo era… ¿no le parece también una forma de asesinato?

Mire, yo no quiero quitarme culpa. A ese cabrón que maté, le pegué las seis puñaladas sabiendo lo que hacía. No voy a pedir clemencia por eso. Lo maté porque tenía que hacerlo; era la venganza que hacía tiempo venía esperando. Era un gallito bravo que vivía provocándonos, y fue él quien se violó a Myriam, la pelada de quien me había hecho amigo en la calle.

Yo lo maté. ¿Pero no es una forma de matarnos todos los días, condenarnos a miles y miles de niños a vivir en la calle?

Con doce años lamentablemente he visto tantas cosas…, creo que demasiadas, muchas más que las que jamás verá un niño, o un joven normal, en toda su vida. Por eso no me sorprende ni me asusta la muerte. Desde pequeño he estado en contacto con ella. ¡Usted no sabe la cantidad de amigos muertos que uno va teniendo en la calle! El que no muere porque lo mata la policía, muere por peleas con otras bandas, o por exceso de drogas… ¡o de hambre! Y por eso no me asusta la muerte, porque cuando uno vive en estas condiciones, sabe que tiene su vida pendiendo de un hilo.

Yo viví como un año en un centro de menores, un reformatorio. Y me salí. Eso era lo peor de lo peor. Supuestamente era un hogar sustituto, pero en realidad era una cárcel. Los abusos que vi adentro, usted no puede imaginarlos. Ahí fue donde me violaron por primera vez. Desde ahí vengo juntando cólera y es ahí donde empecé a pensar en que iba a matar a alguien. Pero no se crea que maté por el puro gusto de matar. No, nada de eso.

Sadismo de verdad lo vi en la policía. Esos sí que matan por puro gusto… ¡usted no sabe cuántos casos vi yo de pelones a los que matan sólo para practicar puntería!… Total… ¿quién les va a decir algo?… El que tiene un uniforme, o el que tiene poder, da lo mismo, con o sin uniforme, no importa, es intocable. Con los policías se ve bien clarito; pero también con cualquier ricachón. Y con los que manejan la droga. Todos ellos viven matando cuando quieren y a quien quieren,  ¿y cuándo ve que caiga alguno de ellos?

Mire, yo no entiendo mucho de política y esas cosas. ¿Cómo voy a entender si soy analfabeto y lo único que sé hacer, es robar? Pero eso no quiere decir que no me dé cuenta de las cosas… y lo que quiero decirle es que sólo a los piojitos sin importancia como nosotros, nos agarran. Los que se lo roban todo, los que hacen un negocito, y se ganan lo que yo y  mi pandilla no podríamos ganar en toda nuestra vida, esos son intocables. Y si esos tipos matan… ¿quién se entera? Y si, pongamos por caso, alguien se enterara: ¿quién les va a hacer algo?

Reconozco que matar no es correcto, ¿pero entonces, por qué hay tanta guerra? A los soldados que matan no los condenan, ¡los premian y les dan condecoraciones! Algo me parece que no funciona, ¿no cree?

(Extracto. Adaptación libre)


Imágenes: acsa joalem miliza blogger|regiando.com|comunista de guatemala blogger|paraguay.com

Fuente: Testimonios, de Marcelo Colussi, articulo publicado en rebelión.org, el 23/02/2007

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