"A los pobres los cuida la iglesia; a los ricos los cuida el gobierno" Facundo Cabral

La adiccion tecnológica (habla Marta Peirano)

Diana Massis, Pablo Elorduy|21/02/2020

Te ha llegado un correo, un mensaje, hay un usuario nuevo, una noticia nueva, una aplicación última que instalar.

Alguien ha hecho algo, ha publicado algo, ha subido una foto de algo, ha etiquetado algo. Tienes cinco mensajes, veinte likes, doce comentarios, ocho retuits pendientes. Hay tres personas mirando tu perfil, cuatro empresas leyendo tu currículum, dos vuelos rebajados, tres facturas sin pagar.

Las personas a las que sigues están siguiendo esta cuenta, hablando de este tema, leyendo este libro, viendo esta serie, llevando esta gorra, haciendo este viaje, oyendo esta canción.

Así captan tu cerebro, tu voluntad. De esta «economía de la atención» es de lo que habla la periodista española Marta Peirano en su último libro El enemigo conoce el sistema. «El precio de cualquier cosa es la cantidad de tiempo que te roba», señala.  “Quieren que uses la tecnología el mayor tiempo posible, porque mientras lo haces estás proporcionándoles información que les permite ganar dinero contigo: saber lo que te interesa, lo que te gusta, lo que buscas, lo que te apetece comprar, lo que te preocupa, tus ideas políticas…”

¿Qué datos se generan mientras veo una serie, por ejemplo?

Netflix tiene recursos para lograr que en vez de ver un capítulo a la semana, como hacíamos antes, veas toda la temporada en un maratón. Su sistema de vigilancia sabe cuánto tiempo pasamos viéndola, cuando paramos para ir al baño o para hacer la cena, cuántos episodios seguidos somos capaces de ver antes de dormirnos. Si llegamos al capítulo 4 y nos vamos a la cama, saben que hay existe un punto de desconexión, y entonces contratan a 50 genios para que en la siguiente serie nos quedemos hasta el capítulo siete.

¿Los mayores cerebros del mundo trabajan para anular nuestra voluntad?

Todas las aplicaciones que existen se basan en el diseño más adictivo, el de las tragaperras, que hace que un sistema produzca la mayor cantidad de pequeños acontecimientos inesperados en el menor tiempo posible.

Eso en la industria del juego se conoce como frecuencia de los eventos. Cuanto más alta es, más rápido te enganchas, pues cada vez que hay un evento, te da un chute de dopamina, así que cuantos más acontecimientos suceden en una hora, más chutes recibes, que es lo que genera adicción.

No olvidemos que, en este mundo masificado, el ser humano lucha contra su irrelevancia, contra su propia insignificancia, y eso está siendo hábilmente explotado.

¿Cada tuit, cada entrada de Facebook que llama mi atención, cada persona de Tinder a la que doy un me gusta, es un evento?

Sí. En la psicología del condicionamiento existe el recurso de intervalo variable, en el que no sabes lo que va a pasar. Abres Twitter y no sabes lo que te vas a encontrar, si vas a retuitear, contestar o bloquear a alguien, escribir un tuit, etc. El hecho de que no sepas si vas a tener premio, castigo o nada, hace que te enganches más deprisa.

La lógica de la recompensa hace que sigas intentándolo. Como en el experimento de Skinner, que fue quien inventó el condicionamiento de intervalo variable, la rata le da a la palanca de manera obsesiva, tanto si sale comida como si no.

Si esto pasa con los adultos ¿qué sucede con los niños que llegan a tener síndrome de abstinencia cuando no están enganchados a Facebook,  Instagram, YouTube, Snapchat, o Tik Tok?

Las redes sociales son como máquinas tragaperras, cuantificadas en número de me gusta, de seguidores, de cuánta gente ha visto tu entrada. Algo que genera una adicción especial, porque es lo que indica si tu comunidad te acepta y te valora. Como humanos que somos estamos condicionados para encajar en el grupo, porque toda nuestra vida depende de cómo se nos juzgue. Lo contrario supone el acoso y la marginación. No hay vida fuera del grupo.

No dejamos que nuestros hijos beban Coca Cola y coman gominolas, porque sabemos que el azúcar es dañino para su salud, pero les damos pantallas sin ser conscientes de lo que implica para ellos.

¿Y qué podemos hacer?

Interactuar más, personalmente, con nuestros hijos, en vez de hacer que se entretengan mirando una pantalla. Vemos familias enteras pegadas al móvil y lo que pasa es que cada cual está disfrutando de su propia adicción. Todo el mundo sabe que las tragaperras son malas, que la heroína es nociva, pero con Twitter, con Facebook, no tomamos precauciones.

Yo, que soy periodista, veo Twitter porque necesito estar informada; la peluquera Instagram para ver cómo se lleva la melena; hay siempre una excusa. La adicción es la misma, pero cada uno la practica de forma distinta y así puede decir que la suya no es una adicción.

¿Nos podríamos calificar como adictos tecnológicos?

No somos adictos a la tecnología, somos adictos al viaje de dopamina que ciertas tecnologías nos proporcionan. Algo que no sucede por casualidad, sino que es deliberado. La economía de la atención utiliza la adicción para obtener más de nosotros.

Esto también ocurre con la comida, como cuentas en el libro, nos manipulan con los olores, los ingredientes, y nosotros nos culpamos por carecer de suficiente voluntad y autocontrol…

Las empresas contratan talentos para crear productos que generen adicción instantánea. Te hackean el cerebro como sucede con la comida rápida para que la combinación exacta de grasa, azúcar y sal te genere placer, pero como en realidad no te alimenta, no te calma el hambre, así que tu cerebro demanda más y más. El efecto es similar.

Luego ellos te culpabilizan, te dicen que esto te pasa porque tienes gula y no te sabes controlar. Entonces llegan y te venden productos para no engordar: yogures cero, cocacola light, etc. Las aplicaciones luchan duramente entre sí para que pases más tiempo con elllas que con las de la competencia.

Comprender cómo funciona el sistema, ¿nos ayuda?

Darse cuenta de que la adicción no tiene que ver con el contenido de las aplicaciones, sino que han sido concebidas para conseguir ese resultado, me parece importante. No eres adicto a las noticias, eres adicto a Twitter; no eres adicto a la decoración de interiores, eres adicto a Pinterest; no eres adicto a tus amigos, ni a sus fotos, eres adicto a Instagram. Ves el teléfono y tus manos se mueven por instinto porque ha sido creado para que operes así.

La adicción la genera la aplicación y cuando lo entiendes, empiezas a verla de otra manera. No es falta de voluntad, sino que está diseñada así para ofrecerte una satisfacción inmediata, apartándote de cualquier otra cosa que no te la dé, como por ejemplo cocinar, jugar con tus hijos, pasear, leer, ir de excursión…

Se está intentando regular tecnologías a las que no tenemos acceso. Si ni siquiera sabemos cómo funciona Facebook, ¿cómo vamos a legislar sobre ella? Ha habido investigaciones oficiales de tres países – Inglaterra, Estados Unidos y la Unión Europea – para ver cómo actuaba Facebook durante las elecciones, y todas han llegado a la conclusión de que hacía cosas ilegales, pero como no las han podido verificar, no ha habido manera de imponerle sanciones.

De todo lo que cuentas, manipulaciones, vigilancia, adicciones, ¿Qué es lo que más te inquieta?

Lo que más me preocupa es la facilidad con la que se convence a la gente para que renuncie a sus derechos y llegue a decir ¿a quién le importan mis datos,  dónde he estado, lo que hago, o lo que digo? Hace 40 años la gente luchaba por el derecho a reunirse, por no ser espiado por el gobierno y que éste no invadiera su privacidad, y ahora todo eso lo hemos regalado gratuitamente. Todas estas tecnologías han sido concebidas como herramientas de vigilancia, manipulación y control.

La industria de extracción de datos es la más poderosa del planeta en estos momentos. Manipula a la gente sabiendo más sobre ella y conociéndola mejor de lo que ella se conoce a sí misma, porque hay patrones personales que ignoramos. Si sabes dónde ha estado alguien durante los últimos tres meses de su vida, puedes predecir con un 93% de acierto dónde va a estar los próximos tres.

La vigilancia (la recolección de datos) es la herramienta para la predicción, y la predicción la herramienta para la manipulación. China se ha convertido en 1984 y Estados Unidos en Un mundo feliz.

Cuando uno manda un correo sabe que lo pueden a leer, pero es verdad que pensamos ¿a quién le va a importar lo que escribo? ¿Importa de verdad?

Realmente no le importa a nadie, pero el que tiene ese material lo puede utilizar contra ti cuando quiera. Las empresas los emplean, primero, para poner a las personas al servicio de sus intereses y enviar publicidad a la carta. Y en segundo lugar para predecir sus comportamientos y reacciones a determinados estímulos.

Saben que cuando en un país sube el precio de la electricidad entre un 12% y un 15%, pasa tal cosa, pero que si sube entre un 17% y un 30%, pasa otra muy distinta. Las predicciones les permiten manipular a la gente, y saber, por ejemplo, cuánto puedes putear a la población con el precio de las cosas antes de que se rebelen o empiecen a suicidar en masa.

Facebook sabe en qué barrios han pasado qué cosas, cuando, cómo, y por qué protesta la gente,  cuanta se reúne y cuántos policías hacen falta para dispersarla… todos los móviles hablando a la vez dicen muchas cosas sobre nosotros. Si desactivas los sistemas de geolocalización de tu móvil, te van a seguir geolocalizando igual, solo que tú no vas a saber dónde estás; lo único que habrá conseguido es desactivarlos para ti.

La vigilancia permanente es un problema muy grave, y frente a eso, ¿qué podemos hacer? Ni las empresas ni los gobiernos van a dar un paso porque les beneficia la situación actual. Lo primero que tenemos que hacer es dejar de pensar en eso como en un problema individual. Da igual que dejes de mirar el móvil 150 veces al día porque no vas a cambiar nada con eso. No puedes de dejar de utilizar estas herramientas porque han invadido tu vida, de la misma manera que reciclando no vamos a salvar el planeta.

Resulta absurdo pensar que  podemos usar Facebook, Twitter, Amazon y Google para luchar contra ellas, cuando son herramientas diseñadas para controlarnos a nosotros. Probablemente tu vida mejore y, sobre todo tus relaciones familiares, si desconectas un poco, pero la acción organizada, la presión política, es la única solución.

(Extracto. Adaptación libre)


Imágenes:lifeandstyle.mx|diarioavance.com|byzness.elperiodico.com|ondaregionalmurcia.es|amazon.es|Mariana Fossatti, Steven Lilley

Fuentes: https://www.bbc.com/mundo/noticias-51268343
https://www.elsaltodiario.com/pensamiento/marta-peirano-enemigo-conoce-sistema

 

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