"Los que hacen imposible una revolución pacífica, hacen inevitable una revolución violenta" John F. Kennedy

La cooperación, y no la competencia, fue el motor de la evolución (explica la microbióloga Lynn Margulis)

Marta del Amo, José Manuel Nieves, Frances Mesquita-Joanes, Luis Ángel, Fernández Hermana, Margarita Riviére , Salvador Llopart 5/11/2020

Ha habido muchas científicas que, a pesar de haber realizado grandes contribuciones no han sido suficientemente reconocidas, entre las que destaca, la microbióloga Lynn Margulis (1938-2011), miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, y catedrática de Geociencia de la Universidad de Massachusetts.

Cuando en 1967 publicó el artículo “El Origen de la Mitosis en las Células” en el Journal of Theoretical Biology, tras haber sido rechazado anteriormente por 15 revistas, chocó con el paradigma neodarwiniano, sufriendo numerosos ataques y descalificaciones.

Durante toda su carrera como investigadora, mientras que la mayoría de los biólogos enfatizaban el papel de la competición en el proceso evolutivo, ella acentuaba el de la cooperación. De ahí su famosa frase: “La vida es una unión simbiótica y cooperativa que permite triunfar a los que se asocian”.

La idea de Margulis de considerar a las bacterias como agentes activos de la evolución, la alejaba asimismo de Darwin.

Desde el primer momento Margulis apoyó la hipótesis Gaia del científico James E. Lovelock, que plantea que una vez creadas las condiciones para la vida en la Tierra, la comunidad de seres vivos ha sido la principal responsable de los cambios habidos en el planeta, y de las radicales diferencias entre éste y el resto de cuerpos del sistema solar.

Gaia sostiene que vida y medio ambiente interaccionan, configurando un sistema en el que una y otro se retroalimentan mutuamente. de forma que la química de la atmósfera, o la salinidad de los océanos, no son aspectos fortuitos, sino relacionados con los trillones de organismos que la habitan.

¿Qué le diría usted a Darwin?
Que en su obra habló poco del “origen de las especies”, de la aparición de especies nuevas.

Después de 150 años se puede afirmar que Darwin tenía razón en que existe un proceso de evolución y de selección natural. Algo que se ha demostrado gracias a experimentos de bioquímica que no existían en su época.

Lo que Darwin demostró es que todas las especies tienen tiene un origen común y único, con descendientes que difieren poco respecto de sus antepasados, pero lo que aún no se ha establecido es el mecanismo que da lugar a las nuevas especies.

Yo atribuyo la generación de nuevas especies  a la simbiogénesis, y no a las mutaciones al azar.

Lo que sucede en la vida es que por un lado tengo un alga, un ser verde vivo, que puede realizar la fotosíntesis, y por otro un animal con espermatozoides, huevos, músculos, intestinos, etc. El animal, que tiene una piel casi transparente, vive en condiciones extremas, y la primera generación que come el alga, no la digiere completamente.

Al cabo de más generaciones, si entra luz, las algas «infiltran» sus genes en el animal, confiriéndole la capacidad de efectuar la fotosíntesis.

Después de muchas generaciones tienes un animal verde con genes de alga incorporados a su genoma por simbiogénesis. Esto no es fruto del azar, sino para adaptar el organismo a vivir en profundidades donde no hay mucho alimento, y la fotosíntesis le ayuda.

¿Qué es la Simbiogénesis?
La generación de nuevas especies por simbiosis, o lo que es lo mismo,  la unión de organismos diferentes, que se fusionan entre sí, produciendo nuevos tipos de seres vivos.

Tenemos el ejemplo de los líquenes, que son una simbiosis de hongos y algas, en la que nueva especie no guarda parentesco con sus progenitores. La simbiogénesis forma nuevas especies, y la selección natural las mantiene, pero no es la que genera los cambios. Los que dicen que la evolución se basa en mutaciones al azar se equivocan. Que células animales y vegetales se originaron mediante simbiosis ya no está en discusión.

Está claro que el desarrollo de la vida conduce a una producción excesiva de seres, que hace que sólo una parte de ellos puedan sobrevivir. Por eso Darwin habló de la selección natural como un proceso de eliminación.

Para superar ese problema muchos organismos experimentan cambios hereditarios que transmiten a sus descendientes. Pero los neodarwinistas sostienen que esta innovación evolutiva procede de una acumulación de mutaciones que ocurren al azar.

Claro que hay una acumulación de mutaciones, pero eso no tiene mayor importancia. Si tienes un reloj, y haces un cambio al azar, tendrás un reloj que no funciona, o que funcionará peor que antes.

Decir que la aparición de nuevas especies tiene su origen principalmente en errores aleatorios en la replicación del ADN no se sostiene, porque  el 99,9 % de las mutaciones son dañinas, no beneficiosas. En vez de ser un error genético (una mutación aleatoria conforme a la seleccion natural) el que proporcione al individuo una ventaja evolutiva para que prevalezca, la simbiogénesis defiende la integración simbiótica de organismos diferentes, que se complementan entre sí.

¿Aparecen por fusión las nuevas especies?
¡Así fue como apareció la primera célula sobre este planeta! Dos bacterias diferentes se fusionaron y así se formó la célula eucariota (con el material genético guardado en un núcleo protegido por una membrana). Las eucariotas son las células de las que están compuestos todos los seres vivos, plantas y animales de la Tierra.

En el delta del Ebro he estudiado un ecosistema, idéntico al que hubo en el origen de la vida, donde conviven cientos de microscópicas especies microbianas, y he descubierto la “titanospirillium velox”, una bacteria espiroqueta con enorme velocidad y movilidad nadadora, que se unió a otra bacteria resistente al calor y al ácido (la arqueobacteria termoacidófila), originando por simbiogénesis la célula eucariota.

Esa combinación funcionó, les otorgó ventajas, y persistió: esas dos bacterias formaron un nuevo ser, la primera célula eucariota con núcleo, que sobrevivió y tuvo descendencia. Fue algo que sucedió, forzado por la necesidad, no por azar, hace 3.000 millones de años.

¿Yo soy simbiótico también?
Sin las bacterias de su intestino, usted moriría, y ve, porque en el fondo de sus ojos actúa una célula que proviene de un tipo de alga.

Solemos relacionar las palabras “bacteria”, “microbio” o “germen”, con enfermedad, cuando son justamente la vida: usted es un saco ambulante de bacterias. Si se las quitasen, pesaría un 10% menos…, y moriría, claro.

Está usted enamorada de las bacterias, veo…
Son maravillosas formas de vida. Fueron la primera forma de vida que apareció sobre este planeta, y cuando la especie humana se haya extinguido, seguirán aquí.

Las bacterias son las inventoras, a escala reducida, de todos los sistemas químicos esenciales para la vida, y responsables de la fermentación, de la fotosíntesis, de la utilización del oxígeno en la respiración, y de la fijación del nitrógeno atmosférico.

¿Cuándo apareció la primera bacteria sobre la TierMra?
Hace unos 3.600 millones de años. 1.000 millones de años después de que la Tierra surgiera como cuerpo rocoso con atmósfera y océano.

¿De dónde salió la primera bacteria hace 3.600 millones de años?
No lo sabemos… sólo podemos decir que hubo una combinación de moléculas que produjo un ser vivo, capaz de duplicarse, que fue el primer ser vivo sobre la Tierra.

¿Y de aquella remota bacteria provenimos todos los demás seres vivos de este planeta?
Sí.

Cuesta creerlo…
También cuesta creer que usted, compuesto de millones de células, provenga de una sola célula fertilizada (zigoto).

¿Cómo era aquella primera bacteria?
Eran cianobacterias, bacterias anóxicas que vivían sin oxígeno, porque no lo había entonces en la atmósfera terrestre.

¿Ah, no?
¡No! El oxígeno fue el gas residual que empezaron a expeler esas cianobacterias para efectuar la fotosíntesis. Al tomar el hidrógeno del agua, liberaban un excremento bacteriano, un gas tóxico: el oxígeno.

¡El oxígeno, un gas tóxico!
Para la vida de entonces, el oxígeno supuso un holocausto más brutal que cualquier actividad medioambiental humana. Pero, hace unos 2.000 millones de años, de las propias cianobacterias surgió otro linaje de bacterias que supo aprovechar ese oxígeno para vivir de él.

Las mitocondrias de nuestras células son vestigios de esas antiguas bacterias respiradoras, que fueron en su día bacterias libres, y que posteriormente se integraron en nuestro organismo.

El aire que yo respiro, pues, ¿es un residuo bacteriano, un “excremento de bacterias”?
Así se originó. Hace 1.000 millones de años había menos oxígeno en la atmósfera del que hubo medio millón de años después (que es prácticamente el mismo que hay hoy).

¡Gracias, bacterias!
La vida en la Tierra constituye un enorme ecosistema, Gaia, formado por muchos ecosistemas menores.

Si en la Tierra hubiera solo una especie, se calcula que no podría durar más de 300 millones de años, pues en ese tiempo habría agotado todo su sustento. Pero como la vida recicla la materia… los desperdicios de unos seres vivos constituyen el alimento de otros.

¿Qué dicen sus colegas de todo esto?
Al principio miraban hacia otro lado. Pero poco a poco, tres cuartas partes de mis tesis han acabado por ser aceptadas. Aunque la NASA, después de 34 años, me ha cortado completamente la financiación. No les gusta el trabajo que hago, así que imparto conferencias para obtener dinero para proseguir mis estudios.

Durante 17 años he fracasado con la revisión de pares, esos dictámenes críticos que, colegas supuestamente expertos, realizan de un trabajo científico antes de que sea publicado. No tienen razón, pero lo rechazan una y otra vez. Están dando dinero a gente que sólo hace modelos en ordenadores, y nunca han visto un ser vivo. Y yo no puedo hacer nada.

Empecé como genetista para entender la evolución, pero luego me di cuenta de que debía saber algo más de las bacterias, porque no las había estudiado nunca. En el momento en que descubres que los genes son de origen bacteriano se te abren las puertas a otro mundo porque ves la enorme infuencia que tienen los microorganismos en las variaciones hereditarias.

Me gustaría que se me recordara por haber demostrado que hay cuatro componentes bacterianos en cualquier célula de planta, y por lo menos seis en cualquier célula heterótrofa (aquellas que no producen su propio alimento y se tienen que alimentar de terceros).

Pienso que las colas de los espermatozoides, los cilios de células ciliadas, los cilios de las trompas de Falopio de las mujeres y los cilios de nuestras gargantas, por ejemplo, derivan todos de aquellas antiquísimas y movedizas bacterias espiroquetas.

Total, que somos fruto de complejos ensamblajes.
De procesos simbióticos: usted, yo y todos los seres vivos somos simbióticos. La vida es una tupida red organismos macroscópicos y microscópicos, conectados, que generan especies nuevas.

¿Sabe qué es una vaca? Cuatro patas que transportan un tanque de fermentación de 120 litros de capacidad lleno de bacterias, levaduras, ciliados… que degradan la celulosa de la hierba. Sin esas bacterias, la vaca no podría digerir ni una brizna.

Pero esas bacterias viven “en” lo que llamamos “vaca”. ¿Cómo han llegado ahí?
Al ternero le llegan al lamer la placenta al nacer. No están en otro sitio que en las vacas. Remotamente, estuvieron en el suelo, luego en algas… hasta que “fueron vaca”. Y, por cierto, el gas metano existente en la atmósfera viene en gran medida de la fermentación de los estómagos bovinos: de los eructos de las vacas.

¿En serio?
Y del ano de las termitas que albergan también en sus entrañas bacterias que rompen la celulosa en compuestos químicos que millones de termitas expulsan al aire. Hasta los sistemas gaseosos de la atmósfera son el resultado de la incesante actividad microbiana.

El planeta entero, los seres vivos y la atmósfera, está tan lejos del equilibrio químico… que es más correcto considerarlo como algo vivo. Ésa es la hipótesis Gaia.

¿Y está la especie humana poniéndola en peligro?
Gaia es la resultante de billones de seres que pugnan, se alimentan, se aparean y excretan. La especie humana acaba de llegar, solo es peligrosa para sí misma, no para Gaia.

Quiero decir que no hay una especie en particular que sea el centro de la vida. Y los humanos no somos tan importantes. Somos sólo  una parte reciente que crece rápidamente, pero Gaia nos pondrá límite: la superpoblación nos conduce a un estrés que la hará disminuir… ¡así se autorregula Gaia!

Pero, dígame, ¿cuál es el cerebro de Gaia?
No existe tal cerebro. Todo ser vivo autorregula su temperatura interna para que fluctúe sólo unos pocos grados. ¿Y cómo “sabe” cada célula del cuerpo mantener dicha temperatura? Pues del mismo modo actúa Gaia.

¿Podría darnos una definición de vida?
Se puede decir que es un sistema de materia que tiene identidad. ¿Y por qué tiene identidad? Porque posee una membrana que lo individualiza y lo define respecto del medio.

Es un sistema siempre activo, que tiene un constante intercambio de materia y energía con el exterior, mientras que un virus se comporta como un ser vivo únicamente si está dentro de una célula, pero, si se encuentra solo, se mantiene inerte como un granito de sal.

Pero, además de automantenerse, un ser vivo también tiene que reproducirse para serlo, ¿no?
No, eso viene después. Me parece que muchos seres vivos no pueden reproducirse. Cualquier persona, por sí misma, sola, no puede reproducirse. Por ejemplo, una viejecita como yo, ya no puede reproducirse.

Creo que este énfasis en la reproducción está sobredimensionado. La vida precede a la reproducción. Hay moléculas de ADN que pueden reproducirse y no tienen nada de vida. La vida es mucho más que eso.

Para mí, la vida mínima es la célula. Porque no hay nada menos complejo que una célula, que pueda automantenerse. Y en el momento que se automantienen, muchos organismos se reproducen, pero no es obligatorio para estar vivo.

Los mamíferos sobreviven entre 1 y 10 millones de años; las bacterias  más de 3.000 millones de años, e incluso resistirían una guerra nuclear. Está claro que no sobrevive el más fuerte.

¿Y que papel juega la tecnología en la evolución?
La tecnología es nuestra segunda naturaleza. Nuestro destino será inseparable del de nuestra tecnología.

Las máquinas son como pequeños órganos de la sociedad tecnológica, y efectivamente, son cruciales para la supervivencia humana. De hecho, la tasa de crecimiento de las máquinas supera con mucho a la de los humanos. Las máquinas cambian y se reproducen más rápidamente que el «homo sapiens».

(Extracto. Adaptación libre)


Imágenes: mujeresconciencia.com|climaterra.org|okdiario.com|

hipertextual.com|cronicasdeunamonite.wordpress.com|Atlas de Histología Vegetal y Animal|abc.es|enterarse.com|neuropediatra.org|sewervac.es|

blogs.redalumnos.com|decologia.info|tuescuelaesonline.com|ecologiaverde.com

Fuentes: https://cienciaonthecrest.com/2016/01/20/entrevista-a-lynn-margulis-la-vanguardia/

https://www.publico.es/ciencias/eeuu-no-crees-dios-asesino.html

https://www.abc.es/ciencia/abci-lynn-margulis-biologa-estados-unidos-cientifico-ateo-criminal-200603200300-142807951460_noticia.html

http://www.lafh.info/articleViewPage.php?art_ID=526

https://es.wikipedia.org/wiki/Lynn_Margulis

Haz clic para acceder a LaVangClubDarwin_Margulis13072008.pdf

 

Lynn Margulis, la bióloga que demostró que la cooperación lleva al éxito

 

https://es.wikipedia.org/wiki/Lynn_Margulis

https://okdiario.com/curiosidades/celula-eucariotas-procariotas-861391

https://www.sinpermiso.info/textos/un-proyecto-de-libro-sobre-la-covid-19-entrevista-a-david-quammen

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