En esta entrevista Marcia Angell, profesora de la Universidad de Harvard, y primera mujer en ocupar el cargo de editora en jefe de la prestigiosa revista científica New England Journal of Medicine, refiere su experiencia al frente de la misma:

15″: En 1996 las compañías farmacéuticas comenzaron a tratar a los investigadores médicos como empleados suyos, y a diseñar ellas los experimentos a su gusto. Se puede manipular mucho el resultado con la manera de diseñar un ensayo. Los laboratorios les decían, probemos este medicamento, y ya veremos si puede ser publicado o no. Si el estudio era positivo, se divulgaba; si era negativo, se ocultaba.

45″: Cuando yo les respondía, han demostrado Vds. que su fármaco es bueno, pero no recogen ni un solo efecto secundario, había quienes confesaban que el patrocinador no se lo permitía, así que comencé a desconfiar de la mayor parte de las investigaciones que se publicaban. Pero lo que nosotros rechazábamos en New England Journal of Medicine,  terminaba siempre apareciendo en otra revista científica.

1′ 30″: Hoy día no es posible creer gran parte de la investigación clínica que se efectúa.

2′ 02″: El editor en jefe de la revista médica Lancet, Richard Horton, declaró que la mitad de la literatura científica puede ser falsa.

2′ 40″: Desde 1992 a 2012 los contribuyentes pagaron 58 millones de dólares a científicos cuyos trabajos fueron más tarde retirados.

2′ 59″: Muchos terminan siendo comprados por la industria farmacéutica. El problema es que dependemos completamente de ella para saber de cualquier medicamento, y no comprobamos si realmente funcionan y son útiles, ni sus posibles efectos adversos.

3′ 50″: La verdad no es algo que vas a ver publicado en los medios, sino que va a estar escondida y sin publicidad alguna, y procede  de expertos independientes.

Se sabe que cuanto mayores son las pruebas y procedimientos a que se somete al paciente, más dinero se gana. Por eso, lo aconsejable respecto de la mayoría de medicamentos, es no tomar nada que lleve en el mercado menos de 3 años, salvo casos extremos.

Durante años se ha utilizado la excusa de la gran inversión que requiere la investigación como la razón de que el precio de los medicamentos sea tan alto, pero eso es una gran mentira. La realidad es que  reciben incentivos fiscales por efectuarla, así como financiación pública de los Institutos Nacionales de Salud, y que la mayor parte de sus costes se deben al marketing, publicidad de medicamentos, e incentivos a los facultativos.

Los precios de los fármacos son altos para mantener unos beneficios elevados.

Antes los autores de artículos científicos no podían tener vínculos económicos con las empresas afectadas, para evitar conflictos de interés, pero esa política se abandonó. Por desgracia, la FDA (la agencia gubernamental de EEUU encargada de supervisar los medicamentos, vacunas, alimentos, etc.) está en nómina de las compañías farmacéuticas, cuando la salud no debería ser una mercancía.

Según Leemon McHenry la mayoría de las revistas médicas no deberían considerarse revistas científicas. La cosa funciona así. Cuando una compañía farmacéutica lleva a cabo un ensayo clínico, contrata a una empresa de comunicación médica para que le escriba el borrador, que pasa a todos sus expertos de marketing para que le den el visto bueno. Después buscan a lo que llaman autores honorarios, es decir, académicos,  universitarios y científicos de centros de investigación a los que les paga por poner sus nombres en ese trabajo.

Las revistas médicas son dependientes del dinero de la industria farmacéutica, porque reciben enormes ingresos en publicidad que aparece al lado de esos artículos. Así que uno cree que está leyendo una pieza de ciencia, es decir, el producto final de un ensayo clínico, y en realidad lo que está viendo es publicidad de un producto farmacéutico. Marketing disfrazado para parecer ciencia.

Si se utiliza una dosis demasiado alta, o demasiado baja de un fármaco, contra un placebo o un fármaco de comparación, se puede manipular el ensayo para obtener el resultado que se desea.

Las agencias reguladoras (FDA) han sido capturadas por la industria que se supone que deben regular.

La codificación es la forma de describir un efecto adverso. En el caso de un ensayo clínico para un antidepresivo probado en niños, se produjeron muchos efectos adversos, como ideas de de suicidio, intentos de suicidio, e incluso suicidios consumados. Como esto era un problema, lo que hicieron fue codificar los eventos suicidas en un término que denominaron labilidad emocional para ocultarlo, y que podía contener cualquier cosa desde llorar a quitarse la vida.

Las compañías farmacéuticas no deberían ser quienes someten a prueba sus propios medicamentos. Me preocupan extraordinariamente las vacunas covid por la rapidez con que se han comercializado.

Un directivo de Mercks me confesó hace tiempo que «lo que deberíamos hacer es vender medicamentos a personas sanas. De esa manera habríamos ampliado nuestro mercado, y podríamos colocar medicinas como si fueran chicles».

(Extracto. Adaptación libre)


Imágenes: bitchute.com| notify.ec

Fuentes: https://redbioetica.com.ar/entrevista-marcia-angell/

Entrevista a Leemon McHenry: Cómo la industria farmacéutica manipula la información “científica” y usa universidades e investigadores para fabricar señales de prestigio fraudulentas que sólo responden a sus intereses de marketing

 

 

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