Andrés Herrero|12/02/2015
Si la troika obliga finalmente a Grecia a marcharse, se descubrirá todo el pastel: que yéndose del euro no pasa nada, que no solo no se hunde ni desaparece el país, sino que lo que se anunciaba como un castigo bíblico y una pesadilla, no era más que una gigantesca mentira, repetida hasta la saciedad.








