El puesto de trabajo se ha convertido en el bien más valioso y codiciado del ser humano, lo que le obliga a consagrar más esfuerzos, interés y sacrificios a la empresa que a la familia.
Quedan ya muy lejos los días de las grandes movilizaciones sociales; ahora todo son luchas parciales, que lejos de sumar, fragmentan las fuerzas. Bienvenidos al siglo de lo banal, donde el individuo reina por encima de todas las cosas y de cualquier acción colectiva.
¿Por qué si los conservadores apoyan el gasto en ley y orden, defensa nacional e infraestructuras, no hacen lo mismo con la vivienda pública, la educación pública, la sanidad pública, las pensiones, el desempleo y la protección del medio ambiente?
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